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Romanos 12: 9

November 8, 2007

El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno.” Romanos 12: 9

Lo primero que debemos entender de este pasaje es que el bien y el mal existen como realidades objetivas. Es decir, que no depende de nosotros hacer a un objeto “bueno” o “malo”. Si nos gusta algo, eso no lo hace bueno, y por otro lado, si detestamos algo, eso no lo hace malo. Entonces, qué quiere decir Pablo con “Aborreced lo malo, seguid lo bueno”. Vemos que debido a lo que dijimos anteriormente, el bien y el mal no cambia. Pero nosotros sí. Nuestros corazones pueden abrazar algo porque lo desean, y pueden rechazar algo porque lo odian. Por ello Pablo nos dice que debemos odiar lo malo, y amar lo bueno (parafrase mía). Alguién puede decir que la pornografía es buena porque a esa persona le gusta ( ej: fumar, tomar, drogas, prostitución, juegos, etc), pero esa razón NO hace a la pornografía buena.

Pero, qué hace a lo “bueno” bueno? Y qué hace a lo “malo” malo? La respuesta es Dios. Debido a que Dios se ha manifestado a la humanidad en la persona de Cristo, podemos saber lo que es bueno. Debido a que Dios existe, sabemos lo que es bueno. Todo aquello que pertenezca intrínsicamente a Dios es bueno. Todo aquello que no sea de Dios, es malo. Es decir, la pornografía, fumado, alcoholismo, drogadicción, prostitución, la mentira, la vagabundería, etc, son malas porque no son atributos de Dios, y lo único que despliegan es la increíble depravación de nuestro corazón.

Ahora, Pablo no dijo: “No escojan lo malo, escojan lo bueno”. Porqué? Porque a través de toda la Biblia, podemos leer que Dios NO está interesado en crear una religión basada en la voluntad del hombre, la cual ya hemos visto es tan frágil como un vidrio de cristal. Escoger NO es suficiente, porque no demuestra una profunda transfromación moral. La Biblia nos dice que Dios nos exige no solo que escojamos lo bueno, sino que también lo amemos.

Pero nosotros no podemos inmediatamente odiar algo que nos gusta. A pesar de eso, Dios nos exige hacerlo. Cómo puede ocurrir esto? Cómo podemos odiar algo que amamos? La respuesta es que debemos nacer de nuevo.

“3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. 4 Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? 5 Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu,[a] espíritu es. 7 No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.” Juan 3: 3-7

Este nacer de nuevo no es nuestro; no es algo que podamos hacer nosotros mismos. Vimos en el capítulo 3 de Romanos que todos y cada uno de nosotros es un pecador, y estámos destituídos de la gloria de Dios. Todos hemos estado muertos espiritualmente en algún punto de nuestra vida. No es sino por el acto poderoso de Dios, que nos ha transformado, para tener una nueva vida…una vida espiritual. Por lo que Dios hizo en nuestros corazones, podemos ver la verdad: Dios existe y es el Todopoderoso, el Creador, el Dador de vida. Veamos algunas pruebas,

“Y Él os dio vida a vosotros, cuando estábais muertos en vuestros delitos y pecados.” Efesios 2: 1

“somos transformados de goria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.” 2 Corintios 3: 18

“Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.” Ezequiel 36: 26

Es Dios quién nos da ese nuevo corazón y mente de la que hablamos en el verso 2. Dios es quien nos da una nueva vida. Esa transformación NO viene de nada que nosotros produzcamos. Nosotros no podemos crear una vida espiritual para nosotros mismos. Primero, porque no somos Dios, y segundo porque en nuestro estado natural, ni siquiera podemos buscar a Dios (Romanos 3:11-12), ni lo deseamos, porque “el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender” (1 Corintios 2: 14). Si no es por el poder de Dios, ningún ser humano podría decir que es un creyente.

Cómo amamos lo bueno? Amando y siguiendo los mandamientos de Dios. Sólo de esta manera podemos amar sin fingimiento a los demás, para mostrar la gloria de Cristo en nuestras vidas. Para que las demás personas vean lo que Cristo ha hecho en nosotros.

“Si me amáis, guardad mis mandamientos.” Juan 14: 15

“En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos.” 1 Juan 5: 2

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