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Romanos 10: 5-13

October 15, 2007

Porque de la justicia que es por la ley Moisés escribe así: El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas. 6 Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo); 7 o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos). 8 Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: 9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. 11 Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado. 12 Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan;13 porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” Romanos 10:5-13

Algo que nos enseña la Biblia es que el pueblo de Israel es una representación de nuestra conciencia. Israel es el marco histórico utilizado por Dios, para mostrar la conciencia de cada uno de nosotros. Todo lo que ha sucedido espiritualmente en nosotros, ha sucedido a través de 4000 años de historia en Israel. Si queremos como ha sido nuestra condición espiritual frente a Dios a través de nuestras vidas, podemos verla en la historia de Israel que ha sido descrita en la Biblia.

Dios trata con Israel a través de Su ley no solo para dejar las cosas claras a Israel, pero al mundo entero. Veamos como podemos probar esto:

1. Cada uno de nosotros tiene la ley de Dios escrita en sus corazones (Romanos 2:15). Dios le dio esta ley a Israel escrita en el Antiguo Testamento. Podríamos decir que nuestra ley es invisible y la ley de Israel es visible.
2. Todos, tanto judíos como gentiles, fallamos al intentar mantener esa ley. (Romanos 3:9-12).
3. Todos sabemos que hemos fallado al mantener esa ley porque nuestra conciencia nos condena. Esta condenación es un eco, por así decirlo, de la condenación de Dios, la cual es mucho más severa y justa. Cuando vemos a Israel siendo juzgada por Dios a través de la historia, podemos ver lo mismo ocurriendo en nuestra vida espiritual ante Dios.
4. El propósito de Dios para salvar a los pecadores culpables es la misma para Israel y para los gentiles. La cura que Dios provee no es mantener mejor la ley, sino fe en la justicia, muerte y resurrección de Cristo (Romanos 3: 28-20).
5. Pablo nos hace ver la manera en que Israel falló, para que nosotros no hagamos lo mismo, y además para que ellos puedan hacerlo en el futuro. Es decir, Israel aprendía su historia descrita en el Antiguo Testamento, pero nunca vieron a Cristo.
Es clarísimo que en la Biblia vemos como Dios, el Creador del universo, el Todopoderoso, ha intervenido durante 4000 años de historia de Israel, para que todos nosotros podamos comprender mejor lo que ocurre en nuestras vidas: nuestras luchas, fracasos, y podamos ver a Dios y Su camino de salvación en Cristo. Dios trata con Israel, por el bien de todos nosotros. Trata con un pueblo pequeño, para rescatar a un pueblo más grande. Es increíble darse cuenta que la historia de Israel que se nos cuenta en la Biblia, es nuestra historia. Es como hemos estado alejados de Dios, nos hemos rebelado contra Él, lo hemos desechado de nuestras vidas, hemos ido tras otros dioses (dinero, trabajo, mujeres, hombres, alcohol, cigarro, comida, etc), en fin, hemos hecho todo lo que Él nos ha prohibido. Pero entonces no se engañen, pues lo mismo que hizo con nosotros, es dcir, la misericordia que tuvo con nosotros, no quiere decir que haya desechado a Israel por completo (lo veremos en el capítulo 11).

Entonces en los verso 5 al 8, Pablo nos ilustra este fracaso de Israel, citando el Antiguo Testamento. Pablo nos dice que el Antiguo Testamento enseña acerca de dos tipos de justicia: la justicia que es por la ley, y la justicia que es de la fe en Cristo. En el verso 5 cita Levítico 18:5:

“Porque de la justicia que es por la ley Moisés escribe así: El hombre que haga estas cosas vivirá por ellas.” (verso 5)

“Por tanto, guardareeis mis estatutos y mis ordenanzas, los cuales haciendo el hombre, vivirá en ellos.” (Levítico 18:5)

Pablo escribe que Moisés da el principio de que si se mantiene la ley con una perfecta obediencia podríamos obtener la vida eterna de Dios. Si confiabamos en Él y nunca pecabamos. Pero tanto Pablo (Romanos 3: 9-12, 3:23), como el Antiguo Testamento (1 Reyes 8:46), son perfectamente claros que nadie puede obtener la vida eterna de esta manera porque todos pecamos. Pero el principio de que Dios requiere una perfecta fe sin pecado es crucial y claro en la Biblia. La justicia por medio de una fe perfecta nos hace merecedores de la vida eterna. Si alguien quiere la justicia que viene de cumplir la ley, debe mantener la ley con fe a la perfección, pero nadie lo puede hacer (Numeros 14:11, 20:12).

Esto nos lleva a la otra clase de justicia, es decir la justicia que es por la fe en Cristo. Pablo la ilustra en los versos 6 al 8, citando un pasaje en Deuteronomio 30:

“6 Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo); 7 o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos). 8 Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón.”

“Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos. No está en el cielo, para que digas: Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo traerá y nos lo hará oír para que lo cumplamos? Ni está al otro lado del mar, para que digas: Quién pasará por nosotros el mar, para que nos lo traiga y nos lo haga oír, a fin de que lo cumplamos? Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas.” Deuteronomio 30: 11-14

Cómo hace Pablo para ver a Cristo en el pasaje de Deuteronomio? Primero, Pablo sabía del Antiguo Testamento y de sus propias experiencias que todos los hombres pecan, y que no hay ningún justo (Romanos 3:9-12, 1 Reyes 8:46). Por lo tanto Pablo siendo un conocedor de las Escrituras, sabía que había algo raro en ese pasaje cuando dice: “no es demasiado difícil para ti”. Ese pasaje ha sido demasiado difícil para toda la humanidad. Segundo, cuando Pablo dice en el verso 6 “No digas en tu corazón” está citando a Deuteronomio 9:4 en donde Dios le está advirtiendo a Israel que no llegue a pensar que es por su propia justicia que obtuvieron la tierra prometida, pues Pablo sabía que la obtención de ese regalo era debido a la gracia de Dios que no merecía el pueblo de Israel, y no de sus obras. Es decir, Pablo vé en ese pasaje como es justificado un creyente: Por la justicia de Dios y no por la suya. Tercero, unos versos anteriores, en Deuteronomio 30:6, Moisés dice que la verdadera perfecta obediencia vendrá el día en que Dios haga el nuevo pacto, en donde cambiará el corazón del peublo. Es claro que Pablo interpretó ese pasaje teniendo a Cristo en la mente, y que solo Cristo podría hacer que esto fuera realidad, es decir que con Su sangre, el pueblo obtendría una perfecta justificación y que algún día habría una perfecta santificación. Entonces, sí sería muy fácil en el futuro, según Moisés: a través de Cristo. Cuarto, una vez que Pablo tenía a Cristo en mente de esos pasajes del Antiguo Testamento, lo único que hizo fue reemplazar la ley con Cristo en los versos 6 al 8, veamos:

“6 Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo) (El Antiguo Testamento dice traer abajo el mandamiento); 7 o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos) (El Antiguo Testamento dice quien traerá el mandamiento). 8 Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón.”

Pablo pone a Cristo en Romanos 10:6-8, donde dice “el mandamiento” en el pasaje de Deuteronomio 30: 11-14. Pablo obviamente se refiere a la incarnación, cuando dice “traer abajo”, y a la resurrección cuando dice “subir a Cristo”. Podemos ver lo que Pablo está haciendo? Es claro que Pablo quiere que veamos que está poniendo la vida de Cristo y Su resurrección en lugar de nuestra obediencia a los mandamientos de Dios. Esa es la clave de la justificación. Eso es lo que quiere que veamos en el verso 4: “porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree.” El hecho de que el cumplir el mandamiento no es tan difícil para nosotros, según Deuteronomio 30, es porque no fue difícil para Cristo, y al que tiene fe en Cristo, Dios le imputa esa justicia.

Pablo nota que Moisés quiere decirnos que todos debemos tener una perfecta justicia para ser aceptados por Dios, pero ninguno la puede obtener. Por ello Pablo infiere que Moisés quiere decir que Cristo vendría algún día, viviría en perfecta obediencia, moriría, resucitaría y haría todo eso en lugar nuestro, y por esa gran justificación algún día obtendríamos un corazón perfectamente circuncidado para obedecer perfectamente a Dios y gozarnos en sus mandamientos. Moisés estaba enseñándonos que debemos tener fe en Cristo para obtener una justicia perfecta.

Ahora, en los versos 9 al 13, podemos ver 3 cosas muy importantes:

1. Venir a Dios para salvación es simplemente creer en Cristo
2. Dios nos invita a que vayamos a Él de esta manera, sin importar nuestros orígenes (gentiles o judíos).
3. Cuando alguien llega a Dios de esta manera, encuentra todas las riquezas de Dios

Para demostrar esto, Pablo cita de nuevo a Isaías y Joel, profetas del Antiguo Testamento, los cuales muestran los tres puentos de los que habla Pablo en este pasaje.

En los versos 9 y 10, Pablo menciona la boca y el corazón por lo que vio en Deuteronomio 30:14, que citó en el verso 8. Qué quiere decir que la palabra de fe (Cristo) está en la boca y en el corazón? (verso 8).Qué es lo que hace el corazón con Cristo? Cree en Él. Y qué es lo que hace la boca? Confiesa a Cristo. Esto lo lleva a concluír lo que dice en el verso 9: “que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.”

Debemos tener muy claro que Pablo no quiere decir que solo debemos creer que Dios levantó de los muertos a Cristo, pero que no debemos confesar con nuestra boca que es nuestro Señor. Y tampoco quiere decir que debemos confesar que es nuestro Señor, pero no tenemos que creerlo en nuestro corazón. El punto es que la boca confiesa lo que el corazón cree. Y qué es lo que el corazón cree cuando sabe que Dios levantó a Cristo de los muertos? Que Cristo es el Señor. La resurrección es la sentencia que da Dios acerca de Su satisfacción por lo que hizo Jesús en la cruz para derrotar al pecado. Ahora, a pesar de que en el mundo existan muchos dioses y señores (1 Corintios 8:5), esto no quiere decir que Cristo era un señor más. La palabra utilizada en griego para “señor” en la Septuaginta (la versión griega del Antiguo Testamento) es kurioz (Kurios), y así traducían la palabra “Yaweh”. En el pasaje de Joel 2:32: “Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo”, Pablo usa el nombre de Jesús donde va Yaweh (Jehová). Lo que hace a una persona un cristiano es saber que Cristo es Dios, y confesarlo. Cristo es el Señor y no un señor.

En el verso 11, Pablo explica lo que el corazón hace y en el verso 13, lo que hace la boca. Venir a Dios para salvación es creer en Cristo en nuestro corazón y confesar que es el amo y Señor de nuestras vidas.

Pero una vez que esto ocurre, entonces llega el premio, es decir obtener las riquezas de Dios (verso 12). Qué es lo que obtenemos cuando creemos en Cristo? Primero, no son tesoros materiales, pues estos no nos satisfacen completamente y mucho menos por la eternidad. No es el rescate del pecado, o del infierno, o de Satanás. Tampoco es lo que dice el verso 11, es decir, no ser avergonzados, porque todo el Nuevo Testamento nos dice que vamos a ser perseguidos y odiados por el mundo (Hechos 5:33-42, Mateo 5:11-12). Las riquezas a las que se refiere Pablo es la justicia de Cristo, con la cual podemos ser aceptados por Dios, y poder tener comunión con Él. Dios es el premio final, pero el tesoro que nos lleva a Él es la justicia de Cristo.

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