Morir por Cristo: Blandina y los Mártires de Lyon
Hace casi un año, durante mis lecturas acerca de la historia de la iglesia, di con la historia de los mártires de Lyon. Al final del siglo II de nuestra era, el emperador romano cometió grandes crímenes en contra de los cristianos, especialmente en lo que ahora se conoce como Francia.
Los romanos que vivían en Lyon, siguiendo los mandatos de los gobernadores de esas tierras, acusaban a los cristianos, o a los que sospechaban eran cristianos de cosas tan atroces como canibalismo, con el fin de poder llevarlos a juicio. Cuando un cristiano era llevado a juicio, y salía a la luz su fe, el gobernador le instaba a renunciar a su fe. Si después de 3 pedidos, el cristiano se negaba, era sometido a grandes torturas, que lo llevaban a la muerte.
Algunos historiadores, inclusive, indican que muchos eran sentados en sillas de hierro, las cuales eran puestas al fuego hasta por 3 días, con el fin de que ardieran. Luego se le retiraban las ropas al cristiano, y se le sentaba en la silla. Muchos, ardían inmediatamente por lo caliente de la silla. Bueno, estas son el tipo de muertes que sufrieron muchos cristianos como Blandina, y los mártires de Lyon.
En esta entrada voy a transcribir el relato de Eusebius, con respecto a estos grandes hombres y mujeres que murieron en el año 177 d.C,
“Pero toda la ira del populacho, y del gobernador, y soldados, fue aumentada en demasía contra Sanctus, el diácono de Viena, y Maturus, un convertido de muchos años, sin embtago un noble combatiente, y contra Attalus, un nativo de Pergamo donde él siempre había sido un pilar y fundación, y Blandina, a través de quien Cristo mostró que las cosas que parecen amargas y oscuras y despreciables a los hombres, son para Dios de gran gloria, a través del amor hacia Él manifestado en poder, y no en vanagloria en apariencia. Por cuanto todos temblaban, y su amada terrenal, quien era ella misma también uno de los testigos, temían que a cuenta de la debilidad de su cuerpo, fuera incapaz de hacer su confesión.
Blandina fue llena con tal poder como para ser librada y levantado sobre aquellos que la estaban torturando por turnos desde mañana hasta la noche en todo tipo de formas, así que ellos reconocieron que ellos fueron conquistados, y no podían hacerle nada más. Y ellos estaban asombrados de su fortaleza, mientras su cuerpo entero estaba arrancado y quebrado; y ellos testificaron que una de estas formas de tortura era suficiente para destruír la vida, ni hablar de muchos y grandes sufrimientos. Pero la bendita mujer, como un noble atleta, renovó sus fuerzas en su confesión; y su confote y recreación y alivio del dolor de sus sufrimientos fue en exclamar, “Yo soy cristiana, y no hay nada malo hecho por nosotros.” Pero Sanctus también toleró maravillosamente y sobrehumanamente todas las torturas que sufrió. Mientras los hombres malvados esperaban, por lo continuo y severo de sus torturas sacarle algo a él que no debía decir, él se envalentonó contra ellos con tal firmeza que él ni siquiera les decía su nombre, o la nación o ciudad a la que pertenecía, o si era esclavo o libre, pero contestó en la lengua romana a todas sus preguntas, : Yo soy cristiano.” Él confesó esto en lugar de su nombre y ciudad y raza y todo lo demás, y el pueblo escuchó ninguna otra palabra de él.
Salieron de parte del gobernador y sus atormentadores un gran deseo de conquistarlo, pero no teniendo nada más que hacerle, finalmente amarraron platos de hierro ardientes a las partes más blandas de su cuerpo. Y estas fueron de hecho quemadas pero él continuó sin torcerse, firme en su confesión, y refrescado y fortalecido por la fuente celestial de agua de vida, fluyendo del centro de Cristo. Y su cuerpo fue testigo de sus sufrimientos, siendo una completa herida y hematoma, sin forma, y nada parecido a un humano. Cristo sufrió en él, manifestó Su gloria, liberándolo de su adversario, y haciéndolo un ejemplo a los demás, mostrando que nada es temible donde el amor del Padre está, y nada es doloroso donde está la gloria de Cristo. Pues cuando los malvados hombre le torturaron un segundo tiempo después de varios días, suponiendo que su cuerpo hinchado e inflamado a tal grado que no podría soportar ser tocado por una mano, si ellos aplicaran de nuevo los instrumentos, le vencerían, o por lo menos por su muerte bajo sus sufrimientos, otros temerían, pero no sólo esto no ocurrió, pero, contrario a toda expectación humana, su cuerpo se levantó y se paró ergido en medio de los subsecuentes tormentos, y resumió su apariencia original y el uso de sus miembros, para que, a través de la gracia de Cristo, estos segundos sufrimientos se convirtieron, no en tortura, pero en sanación.
Pero el demonio, pensando que ya había consumido a Biblias, quien era una de las que había negado a Cristo, deseando aumentar la condenación a través de la blasfemia, la trajo de nuevo a la tortura, para hacerle, mientras estaba débil y frágil, decir cosas impías concerniendo a nosotros. Pero ella se recuperó bajo el sufrimiento, y como despertando de un sueño, y recordándo la presente angustia del castigo eterno en el infierno, contradijo a sus blasfemadores. ‘Cómo?’ dijo ella, ‘podrían estos comer niños, si no creen legal probar sangre aún de animales irracionales?’ Y de ahí confesó que ella era cristiana, y le fue dado un lugar entre los testigos. Pero mientras que las torturas tiránicas fueron sin efecto por Cristo, a través de la paciencia de los benditos, el diablo inventó otras torturas,–confinamiento en los lugares oscuros y temibles de la prisión, estiramiento de los pies, y las otras torturas que sus sirvientes estaban acostumbrados a infligir a los prisioneros cuando estaban furiosos y llenos del demonio.
Muchos fueron sofocados en prisión, siendo escogidos por el Señor para esta muerte, para que Él fuera manifestado en ellos. Para algunos, a pesar de haber sido torturados cruelmente que parecía imposible que pudieran vivir, aún con el más minucioso cuidado, aún, destituídos de atención humana en prisión, siendo fortalecidos por el Señor, tanto en alma como en cuerpo; y ellos exhortaban y alentaban al resto. Pero aquellos que eran jóvenes, y arrestados recientemente, que sus cuerpos, no estaban acostumbrados a la tortura, fueron incapaces de soportar la severidad de su cofinamiento, y murieron en prisión.
El bendito Pothinus, quien había sido confiado con el obispado de Lyon, fue llevado a juicio. Él tenía meas de noventa años, y muy enfermo, casi incapaz de respirar debido a su debilidad corporal. Pero fue fortalecido por el celo espiritual por su deseo de martirio. A pesar de que su cuerpo estaba desgastado por la edad avanzada y enfermedad, su vida fue preservada para que Cristo pudiera triunfar en él. Cuando fue traído por los soldados al tribunal, acompañado por los magistrados civiles y una multitud que le gritaba de todas maneras como si él fuera Cristo, dio un noble testimonio.
Siendo cuestionado por el gobernador, quien era el Dios de los cristianos, el replicó, ‘Si tu eres digno, tu lo sabrás.’ Luego fue llevado duramente, y golpeado de todas maneras. Los que estaban cerca de él lo golpeaban con manos y pies, a pesar de su edad; y aquellos a distancia lo golpeaban con cuaquier cosa que alcanzaran; todos pensando que serían culpables de gran maldad e impiedad si omitían cualquier abuso. Por tanto ellos pensaron vengar sus propias deidades. Casi sin poder respirar, fue echado en prisión y murió luego de dos días.
Luego una gran dispensación de Dios ocurrió, y la compasión de Jesús apareció sobremanera, raramente vista entre la hermandad, pero no or encima del poder de Cristo. Pues aquellos que habían negado a Cristo fueron echados en prisión y sometidos a gran tortura, y sufrieron terribles torturas, así que su negación no les fue de provecho al presente. Pero aquellos que confesaron que eran aprisionados como cristianos, ninguna otra acusación fue traída en su contra. Pero los primeros fueron tratados luego, como asesinos y fueron castigados dos veces más severamente que los otros.
Por el gozo del martirio, y la esperanza de las promesas, y el amor por Cristo, y el Espíritu del Padre soportaron a los últimos; pero sus conciencias grandemente angustiaron a los primeros, lo que los hacía fácilmente distinguibles de los demás cuando eran llevados al frente. Pues los primeros iban gozosos, gloriosos y en gracia, siendo mexclado en sus rostros, así que sus amarras parecían como bellos ornamentos, como aquellos de una desposada adornada de oro; y perfumados con el dulce sabor de Cristo, como si fuesen ungidos. Pero los otros fueron rechazados como ignobles y débiles, teniendo la acusación de asesinos, y habiendo perdido el honorable y glorioso Nombre dador de vida. El resto, viendo esto, fueron fortalecidos, y cuando capturados, confesaron con dudar, no prestando atención a las persuasiones del diablo.
Maturus, y Sanctus y Blandina y Attalus fueron llevados al anfiteatro para ser expuestos a las bestias salvajes, y entregar al pueblo un espectáculo de crueldad, un día de lucha con bestias siendo especialmente ordenados por el deseo del pueblo. Tanto Maturus y Sanctus pasaron de nuevo cada tormento en el anfiteatro, como si no hubieran sufrido nada anteriormente, o casi como si hubieran conquistados a sus antegonistas en muchas luchas, ahora luchando por la corona misma. Perduraron de nuevo la violencia de las bestias, y todo lo que la furiosa gente deseaba, y al final, la silla de hierro, en la cual sus cuerpos eran rostizados, atormentados con llamas.
Y ni siquiera con esto cesaron los perseguidores, sino que estaban más enojados con ellos, determinando sobreponer su paciencia. Pero aunque ellos no escucharon palabras de Sanctus excepto la confesión que había hecho desde el principio. Estos, entonces, luego de que su vida había continuado por largo tiempo a través de lso conflictos, fueron sacrificados, habiendo sido hechos espectáculo para el mundo, en lugar de los combates. Pero Blandina fue suspendida en una estaca y expuesta a ser devorada por las bestias salvajes que debían atacarla. Y debido a que ella parecía como colgada de una cruz, y debido a sus oraciones, ella inspiró a los combatientes con gran celo. Pues ellos vieron en ella en su conflicto, y vieron con sus ojos, en la forma de su hermana, a aquel que fue crucificado por ellos, que Él podría persuadir a aquellos que creían en Él, que todo el que sufre por la gloria de Cristo tiene comunión siempre con el Dios viviente.
Pero como ninguna de las bestias la tocó, ella fue llevada de nuevo a la prisión. Fue preservada para otro castigo, pues, siendo victoriosa en más conflicots, pudiera hacer irrevocable el castigo de la serpiente torcida, y a pesar de ser pequeña y débil, pero vestida en Cristo el poderoso y conquistador, ella pudiera elevar el celo de los hermanos, y habiendo vencido al adversario muchas veces, pudiera recibir, a través de su conflicto, la corona incorruptible. Pero Attalus fue llamado por el pueblo, debido a que él era una persona de distinción. Entró en buena conciencia y disciplina cristiana, y como siempre había sido un buen testigo de la verdad entre nosotros. Fue llevado alrededor del anfiteatro, y la gente estaba llena de indignación contra él. Pero cuando el gobernador supo que era romano, ordenó a que fuera llevado de nuevo con el resto que estaban en prisión.
Por su influencia, muchos de los que habían negado fueron restaurados, y revividos, y aprendieron a confesar. Y siendo fortalecidos, fueron al juicio para ser de nuevo interrogados por el gobernador; Dios que no desea la muerte del pecador, sino que misericordiosamente invita al arrepentimiento, tratándlos con cariño. Cesar ordenó que fueran asesinados, pero que cualquiera que negara fuera puesto en libertad. Por lo tanto al principio del festival. Luego de todas estas cosas, Blandina fue traída de nuevo, con Ponticus, un jóven de casi 15 años de edad. Ellos habían sido traídos cada día a presenciar los sufrimientos de los demás, y habían sido presionados para que juraran por sus ídolos. Pero debido a que ellos permanecían fuertes, la multitud se puso furiosa, y no tuvieron compasión con el jóven ni por la mujer. Por lo tanto los expusieron a torturas, repetidamente, pero siendo incapaces de hacerlos negar, pues Ponticus siendo alentado por su hermana así que ni el pueblo podía ver que ella lo estaba fortaleciendo, habiendo soportado las torturas, entregó su espíritu.
Pero Blandina, la última de todos, habiendo, como una noble madre, alentado a sus hijos y enviéandolos victoriosos al Rey, toleró sus conflictos y se fue como si fuera a una cena de bodas en lugar de a las bestias salvajes. Y luego de ser torturada, luego de las bestias salvajes, y luego del asiento en llamas, fue puesta en una red, y tirada frente a un toro. Y habiendo sido golpeada por el animal, pero sin sentir estas cosas, debido a su esperanza, y a su comunión con Cristo, ella también fue sacrificada. Y el mismo pueblo confesó que ellos nunca habían visto a una mujer que perdurara tantas y terribles torturas.” [1]
Este es el testimonio de muchos de los grandes hermanos que ha tenido la iglesia, quienes por la gracia de Dios testificaron al mundo la grandeza del tesoro que esperaban alcanzar, la gloria de Dios en Cristo Jesús. Aprendamos todos. Examinémonos cada uno de nosotros, y demos el testimonio, sin temor, pues es Dios el que produce en nosotros el querer y el hacer (Filipenses 2:13).
Continúe la serie aquí:
- Introducción
- Los apóstoles
- Ignacio de Antioquía
- Policarpo
- Justino el Mártir
- Blandina y los Mártires de Lyon
- Jan Hus
- William Tyndale
- El Mandamiento
______________________________________
[1] Eusebius. Church History, Life of Constantine, Oration in Praise of Constantine. Book V.i.xvii
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Maturus, y Sanctus y Blandina y Attalus fueron llevados al anfiteatro para ser expuestos a las bestias salvajes, y entregar al pueblo un espectáculo de crueldad, un día de lucha con bestias siendo especialmente ordenados por el deseo del pueblo. Tanto Maturus y Sanctus pasaron de nuevo cada tormento en el anfiteatro, como si no hubieran sufrido nada anteriormente, o casi como si hubieran conquistados a sus antegonistas en muchas luchas, ahora luchando por la corona misma. Perduraron de nuevo la violencia de las bestias, y todo lo que la furiosa gente deseaba, y al final, la silla de hierro, en la cual sus cuerpos eran rostizados, atormentados con llamas.
Pero Blandina, la última de todos, habiendo, como una noble madre, alentado a sus hijos y enviéandolos victoriosos al Rey, toleró sus conflictos y se fue como si fuera a una cena de bodas en lugar de a las bestias salvajes. Y luego de ser torturada, luego de las bestias salvajes, y luego del asiento en llamas, fue puesta en una red, y tirada frente a un toro. Y habiendo sido golpeada por el animal, pero sin sentir estas cosas, debido a su esperanza, y a su comunión con Cristo, ella también fue sacrificada. Y el mismo pueblo confesó que ellos nunca habían visto a una mujer que perdurara tantas y terribles torturas.” [1]
