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Romanos 3:19-31

August 24, 2007
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Versículos 19-26 :En estos versos, Pablo intenta combatir con la mentalidad que ha sido característica de la humanidad a través de toda la historia, es decir: “el hombre es el centro del universo” o “el universo fue creado para el hombre”.

Con esta mentalidad hemos nacido y crecido la mayoría de nosotros, y es reforzado diariamente por los medios. A esta mentalidad Pablo la llama “los designios de la carne” en Romanos 8: 6 y ademeas nos dice que esa es la manera en que el hombre natural piensa (1 Corintios 2: 14). Esa mentalidad es cierta para nosotros hasta que nos enfrentamos con la realidad bíblica.

La Biblia, es radicalmente diferente en su pensamiento, al del hombre, ya que en las escrituras, Dios es la realidad básica del universo, el gran “YO SOY EL QUE SOY” de Exodo 3: 14, implicando su eterna existencia e infinito poder. Esta doctrina bíbica implica que Dios como Creador de todas las cosas tiene el derecho por sobre todas esas cosas. Él tiene un propósito de acuerdo a su natraleza y carácter.

Nuesro mundo ve un problema como algo que no se ajuste a los derechos y metas del hombre, pero la Biblia habla de problemas como aquello que no se ajusta primero a los derechos y metas de Dios. Qué significa esto? Quiere decir que Dios como Creador y Soberano por sobre toda la creación debe de recibir gloria (alabanza, agradecimiento), pues fue para esta razón para la cual fuimos creados. En el momento en que la humanidad, representada por la cabeza federal en Adán, se negó a hacer esto, todos caímos bajo la maldición del pecado, pero como dijimos en el análisis del capítulo 1, el propósito de Dios para la creación es ser glorificado (Efesios 1: 6), y ese plan Dios lo va a llevar a cabo, cómo? Salvando a Su Iglesia (conjunto de personas) por medio de la salvación que Él mismo dio a esa iglesia, es decir, mandar a Su Hijo Jesús para que muriera por nosotros, cargando nuestrso pecados, y la ira de Dios fuera puesta sobre eEl, para que Su justicia fuera imputada sobre nosotros, a pesar de no merecerlo. Esta verdad es la solución al problema más básico del universo, y es incomprensible para el hombre natural (1 Corintios 2: 14) debido a que se necesita de la gracia de Dios para que nuestros ojos sean abiertos a esta realidad.

Esta solución es lo que Pablo comenta en los versos 25 y 26:

“a quien Dios puso como propiciación (un sacrificio que quita la ira de Dios contra los pecadores) por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que Él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús.” Romanos 3: 25-26

Analicemos esto un momento. Dios envió a Su Hijo a morir a la tierra para manifestar Su justicia. Pero porqué tuvo que hacer esto? Porqué tuvo que reivindicar Su justicia? Vemos la respuesta en el verso 25: “haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados.” La causa de que Dios tuviera que manifestar Su justicia, ses nuestro pecado, el cual ha deshonrado el nombre de Dios.

Veamos un ejemplo: En 2 Samuel 12, David en enfrentado por Natán (un profeta) debido a que cometió adulterio con Betsabé y luego mandar a matar a el esposo de esta. El profeta le dice: “Porqué, pues, tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos?” 2 Samuel 12: 9. A esto David responde: “Pequé contra Jehová.” 2 Samuel 12: 13.

Esto es lo que la “carne” no logra entender. Nuestro pecado es pecado contra Dios. Todo lo que nosotros hagamos, que no sea para dar gloria a Dios es pecado. Cuántos de nosotros agradecemos a Dios por el aire que respiramos? Cuántos damos gracias a Dios por un día más de vida; o por el alimento que nos da; o por el techo que nos cubre día a día, o por el amor de nuestra familia? Ninguno de nosotros hace esto cada segundo que pasa, y por eso somos pecadores. Si están pensando que eso es demasiado radical, están pensando con los “designios de la carne” la cual se rebela constantemente contra la noción que Dios es Dios y merece eso y mucho más.

Pero veamos el pasaje de 2 Samuel 12, ya que lo podemos relacionar con lo que dice Pablo acerca de haber pasado por alto los pecados pasados. En ese pasaje Natán le dice a David lo siguiente:

“Y Natán dijo a David: También Jehová ha remitido tu pecado; no morirás.” 2 Samuel 12: 13.

Y dice luego David:

“Porque no ha hecho con nosotros conforme a nuestra iniquidades, ni nos ha pagado conforme a nuestros pecados. Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen.” Salmos 103: 10-11

Aquí es donde la mente natural malinterpreta y afirma que Dios es misericordioso con los pecadores, a pesar de haber blasfemado Su nombre, deshonrado Su gloria, y desestimado Su valor. El hombre cree que así como si nada, Dios va a perdonar los pecados, y con ello hacen lucir a Dios como si no valiera nada. Cuando el nombre y la gloria de Dios están en juego, la ira de Dios se manifiesta sobre aquellos que la han deshonrado.

Pero, cómo resolvemos el problema que Dios pasa por alto nuestros pecados pasados? El problema lo resolvió Dios con la muerte de Su Hijo, veamos de nuevo el verso 25:

“a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados”

Dios sería injusto si pasara por encima nuestros pecados sin castigo, como si Su gloria (la cual ha sido deshonrada) no valiera nada. En Cristo, fue vindicada la justicia de Dios. Dios tomó los pecados que todos y cada uno de nosotros cometemos a diario, blasfemando así el nombre de Dios, y los puso sobre las espaldas de Cristo, y liberó todo el poder de su ira sobre Él, y lo crucificó en la cruz, para que Jesús pagará el castigo que nosotros debimos haber pagado, “el justo por los injustos” (1 Pedro 3: 18).

Por eso dice el verso 26: “el que justifica al que es de la fe de Jesús.” Es decir, el que no ama a Jesús (Juan 14: 15), el que no cree que Jesús es la única manera de ser salvo (Juan 14: 6), y el que no cree que Jesús fue la razón del porqué Dios nos dio el regalo de la fe, esa persona esta condenada al infierno. La única manera de ser salvo es teniendo fe en Cristo.

Versículos 27-31:

En estos versos vemos dos cosas muy importantes que Pablo trae a la mesa: el tema de la jactancia y el de invalidar la ley por medio de la fe. Veamos primero lo que se nos dice en el verso 27: “Dónde, pues, está la jactancia?” y la respuesta de Pablo es: “Queda excluída”. Pero para entender estos pasajes, debemos comprender que significa jactancia.

La jactancia es una manifestación externa de una condición interna llamada orgullo. Y el orgullo es la causa de todos los males y miserias en el mundo (Romanos 1: 18 al 3: 20). En Romanos 1: 18 vemos que la verdad está disponible a toda la humanidad, pero que “los hombres detienen con injusticia la verdad”. Y cuál es la verdad? Que habiéndo conocido a Dios no lo glorificamos como tal (Romanos 1: 21), es decir, la verdad es que Dios es mucho más grande e importante que nosotros, y debería ser glorificado como la realidad más maravillosa en el universo, pero por el contrario los hombres “profesando ser sabios, se hiiceron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible”. Eso es lo que hace el orgullo. Hemos cambiado la verdad por una mentira, creyendo que debemos adorar y glorificar los deseos de nuestro corazón (avaricia, dinero, mujeres, casa, trabajo, etc).

En los versos Romanos 1: 30-31, vemos a lo que puede llegar el orgullo en el corazón del hombre:

“murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia”

Pero no solo existe el orgullo en los malvados, sino también en los legalistas y religiosos, lo cual vemos en Romanos 2: 3. Existe el orgullo enlas personas “religiosas” que usan el nombre de Dios para exaltarse ellas mismas (Romanos 2: 17). Este es el argumento de Pablo en Romanos 3: 9: Todos los hombres están bajo pecado; hasta llegar al clímax donde nos dice: “No hay temor de Dios delante de sus ojos.” Romanos 3: 18. Entonces, la jactancia, Pablo la ve como la manifestación de un problema de toda la raza humana.

Este orgullo es la razón de porque no hemos querido ver a Dios como el soberano de toda la creación; porque no hemos querido darle gracias por lo que nos ha dada; porque no hemos querido entregarle nuesstra vida. Sencillamente estamos tan cegados a la verdad, que hemos creído que todo lo que tenemos lo hemos obtenido por nuestros propios méritos: “Yo, yo, yo…” (palabras mías).

Es por ese orgullo que la ira de Dios está sobre nosotros (Romanos 1: 18). Pero si hemos comprendido que hemos pecado contra Dios, por nuestro orgullo, cómo podemos quitar la ira de Dios puesta sobre nosotros? La respuesta es: ninguno de nosotros puede hacerlo. La única manera de que la ira de Dios sea removida de nosotros es la justificación, la cual como hemos discutido solamente nos la puede otorgar Dios.

La justificación es el medio por el cual Dios, como gran juez, dicta la sentencia: “Inocente”. Pero esta justificación no viene por nuestros méritos, sino que es puesta sobre nosotros “gratuitamente por Su gracia” (Romanos 3: 24), mediante lo que hizo Cristo en la cruz. Veámoslo de esta manera: Sólo hay dos formas de ser justificados:

1. Vivir una vida perfecta, es decir, obedecer la ley de Dios a la perfección y amar a Dios perfectamente (Exodo 20).

2. Que otra persona, la cual debe ser perfecta en obediencia y amor para con Dios, pague la condena que nosotros debimos haber pagado por nuestros pecados.

Debido a que como dice Romanos 3: 9-12, 23, todos somos pecadores y estamos destituídos de la gloria de Dios, no podemos optar por la primera opción. Ahí es donde entra Cristo, quien estando sin pecado, y obedecer la ley de Dios a la perfección y amarle perfectamente, murió para justificación de nosotros (con “nosotros” me refiero a la Iglesia de Cristo). Este acto de Jesús, liberó una avalancha de gracia sobre nosotros, a través de la cual hemos recibido la fe para creer en Cristo, el regalo de la justificación, y al Espíritu Santo, el cual nos da lo que necesitamos para nuestra santificación. Esto es lo que quiere decir en el verso 24: “mediante la redención que es en Cristo Jesús”.

Entonces, pregunto: Quién fue el que trajo nuestra salvación? La respuesta es solo una: Dios. Por eso es que Pablo pregunta: Dónde, pues, está la jactancia?” Romanos 3: 27. Entonces si TODO lo hizo Dios, no debemos jactarnos de nada. Aquel que se jacta que hizo algo para merecer la salvación, probablemente vaya al infierno, porque si Dios nos da lo que merecemos, entonces lo que merecemos es el infierno. El Dr. John Piper hace un comentario muy acertado:

“Cuando estemos parados frente al juicio de Dios, y Dios nos pregunte: Porqué estamos nosotros en el cielo y algún conocido fue al infierno? Si nuestra respuesta es: Porque yo hice lo necesario para estar ahí, es decir yo obedecí la ley de Dios y la otra persona no lo hizo. Si esa es nuestra respuesta, Dios nos enviará al infierno. Pero si respondemos: Porque tu gracia fue puesta sobre mí, un pecador, y enviaste a Tu Hijo para que muriera la muerte que yo merecía, y con ello, me regalaste la fe y a Tu Espíritu Santo para creer en ti y poder cumplir tu ley. Solo si respondemos de esa manera podemos entrar en el cielo.”

El otro punto que toca Pablo es acerca de si la fe invalida la ley. A esta pregunta Pablo responde: “En ninguna manera” Romanos 3: 31. Este es un gran problema en el crisitanismo y en la teología de muchas personas; pensar que si creemos en la soberanía de Dios en la salvación de nuestras almas, debemos pensar que el hombre no es responsable ante Dios. Ya vimos que ningún hombre es inocente de desechar la verdad, porque la existencia de Dios les es manifiesta a través de la creación. Todo el poder y la divinidad de Dios fue manifestada ahí (Romanos 1: 19-20). Y demostramos en los párrafos anteriores que Dios es soberano en la salvación.

Lo que los críticos de Pablo están diciendo en los versos 27 al 30, es que si solamente podemos estar bien con Dios por la ley de la fe, estamos invalidando la ley que Dios le dio a Moisés.

En el análisis del capítulo 2 dijimos que los judíos estaban bajo pecado porque no habían interpretado adecuadamente el significado de la ley. Ahora vamos a ver si podemos explicar porque Dios le dio la ley a Moisés y que quiere decir Pablo que de que mediante la ley de la fe confirmamos la ley (Romanos 3: 31).

La Montaña Rusa

Supongamos que estamos en los rieles de una montaña rusa, en la parte más baja de una de las bajadas, con una subida al frente de 1000 metros, casi en ángulo recto. En la parte más alta de esa subida de 1000 metros se encunetran carritos listos para descender la montaña rusa. Digamos que don Moisés nos pide que escalemos esa pendiente por los rieles y que si lo logramos, entonces nos podemos montar en el carrito y disfrutar del paseo en la montaña rusa.

Entonces empezamos a escalar la pendiente, apoyándonos de las tablas que se encuentran entre los rieles y entonces llega don Pablo, que se encuentra fuera de la montaña rusa y nos dice: “No hagan eso. Las tablas y los rieles no están hechos para subirlos de esa manera. Vengan acá abajo y yo les diré como subir la pendiente.” En ese momento algunas personas dicen: “Don Moiso nos dijo que debíamos subir la pendiente, y que esa era su ley; y ahora usted les dice que se bajen de la montaña rusa? Usted está invalidando la ley de Moisés!”

Pero don Pablo nos dice: “No, eso no es lo que estoy haciendo. No estamos invalidando la ley de don Moisés, más bien la vamos a confirmar de la única manera en que puede ser confirmada”. Entonces, don Pablo nos muestra una grúa con un cable muy largo y un arnés al final del cable, y nos apunta hacia arriba para que veamos a un hombre que está sentado arriba en la grúa. Y este hombre nos saluda y nos sonríe. Y Pablo nos pone el arnés. Y si nosotros confiamos en el hombre que maneja la grúa, en el cable y en el arnés, él nos llevará a lo más alto de la pendiente y nos pondrá dentro del carrito. Y don Pablo nos dice: “Es más seguro de esta manera”.

Nosotros lo consideramos un momento y luego confiamos en él y nos levanta y nos coloca en lo más alto, donde está el carrito, y empezamos a bajar la montaña rusa. Y el carrito toma velocidad hasta que logramos dar la vuelta completa y llegamos al punto donde estabamos parados al inicio y pasamos en el carrito justo por donde pensabamos que debiamos empezar a escalar, y seguimos dando vueltas en la montaña rusa sin parar.

Entonces cuando estamos arriba vemos a don Moisés y don Pablo abrazados, como mejores amigos, como si nunca hubiera habido un malentendido.

Cuál es el punto? Que la ley de Moisés no fue hecha para que la siguieramos por nuestros propios medios. La ley de Moisés fue dada para que fuera seguida por medio de la fe. La ley no es una escalera la cual podemos subir por nuestra propia fuerza o astucia. La ley fue hecha para ser disfrutada por medio del poder del Espíritu Santo.

Cuando Pablo dice que el hombre es justificado por la ley de la fe y no por medio de la ley de Moisés, está diciendo que hemos interpretado mal el porque fue dada la ley. Repito, la ley fue dad para que por medio de la fe pudieramos disfrutar y gozarnos en los mandamientos de Dios, no para seguirlos como una receta de cocina. Si lo hacemos de esta manera vamos a fallar, porque todos nosotros somos pecadores y sin el poder del Espíritu Santo estamos envanecidos y nada sabemos. Pablo dice que el evangelio de la justificación por medio de la fe no produce pecadores. Por el contrario produce amor. Cuando amamos al hombre que maneja la grúa, y lo que hizo para colocarnos en el carrito, no llegamos al final de una pendiente y nos salimos de la montaña rusa. Más bien queremos seguir dando vueltas en la montaña.

“Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de laley del pecado y de la muerte. Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” Romanos 8: 2-4

Dios envió a su Hijo para que fueramos justificados por le fe en Cristo, fuera de las obras de la ley, para transformar nuestras vidas con amor, y para que caminaramos por el Espíritu. El Espíritu es el que nos da el momentum y fuerza necesarios para que podamos el carrito siga rodando en la montaña rusa, no es nuestro poder.

Más de la justificación por le fe será analizada por Pablo en los capítulos 6 al 8.

2 Comments leave one →
  1. otoniel rivera permalink
    September 12, 2007 8:52 pm

    Esta muy importante el comentario aserca de estos versiculos, pero me gustaria saber que lugar ocupa la ley en el creyente evangelicos de hoy.

  2. sujetosalaroca permalink
    September 13, 2007 9:30 am

    Muy buena pregunta! La ley ocupa el mismo lugar que ocupaba cuando le fue dada por Dios a Moisés, es decir que es el edicto que nos da Dios acerca de lo que El requiere de cada uno de nosotros. Dios nos comanda la perfeccion. Otra pregunta que debemos hacernos es, pero ninguno de nosotros puede seguir la ley perfectamente? Cierto. Por eso debemos pensar que la ley fue dada para dos cosas: Para que el pecado abundara (Romanos 5:20), es decir, para que la conciencia del pecado nos fuera mostrada, pero más importante para que nos viniera a la cabeza la idea de preguntarnos: Bueno, si nosostros no podemos cumpirla, entonces para quien esta hecho la ley? Para Cristo. Cristo es el unico que pudo cumplir la ley a la perfeccion. Entonces ahora nosotros, los que estamos en Cristo, hemos sido declarados justos por Dios. Que quiere decir eso? Que ante Dios ahora estamos como si hubieramos cumplido la ley perfectamente, no por lo que nosotros hagamos (hemos demostrado que ninguno de nosotros lo puede hacer) pero por lo que Cristo hizo por nosotros. Nosotros seguimos la ley ahora por fe, pues es Dios quien ha cambiado el corazon de piedra y ha puesto un corazon de carne con Su ley escrita en el para que podamos seguir esa ley por el poder del Espiritu Santo, sabiendo por la fe que nos fue dada que Cristo hizo eso por nosotros.

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