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Romanos 2: 1-10

August 13, 2007
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“Cuando uno logra comprender esta epístola, uno tiene el camino abierto para poder entender la totalidad de las Escrituras” Juan Calvino. Carta a Simon Grynaeus. Octubre 1539.Resumen Capítulo 1:

El primer capítulo de la epístola a los Romanos nos enseña varias cosas, las cuales, Pablo va a desarrollar conforme avanza en la carta. Nos enseña que la gracia de Dios es el poder por el cual Dios ha llamado a sus santos, para desarrollar Su propósito para la creación. Por la gracia, que es algo que recibimos gratuitamente de Dios y no por algo que podamos hacer nosotros, Pablo nos dice que recibió el apostolado y el poder para obedecer la fe que le fue dada por Dios (Efesios 2: 8-9).

Esta fe, hace que podamos abrazar el evangelio (buenas noticias) de Dios para nuestra salvación. Es decir, que Dios envió a Su Hijo Jesús a la tierra, para que viviera la vida que ninguno de nosotros puede vivir, sufra la muerte que nosotros merecemos, cargando nuestros pecados, y que fue resucitado al tercer día, para perdón de nuestros pecados (1 Corintios 15: 3-4).

Pero, para qué necesitamos de ese regalo de Dios, que es la fe? Pablo nos da la respuesta en los versos 18-25. Aquí nos dice que, todos y cada uno de nosotros necesitamos de la fe para la salvación de nuestras almas. Y la salvación de qué? De la ira de Dios que está puesta sobre nosotros, ya que cambiamos a Dios, por la creación, con lo cual hemos deshonrado el nombre de Dios, y debido a que la creación fue hecha con el único propósito de que mostrar la gloria de Dios, nosotros hemos transgredido la Ley de Dios y por lo tanto merecemos ser castigados.

Pero, cómo pueden saber las cosas de Dios aquellas que nunca han escuchado acerca de Dios? Pablo es muy claro en decir que: “no tienen excusa” (verso 20). Porqué? Vemos una palabra muy importante en el verso 20, donde dice: “por medio de las cosas hechas”, esa frase se traduce en griego a poihma (poiema) y es de donde tomamos nosotros la palabra poema. Es decir la creación; el universo, corresponden a la obra maestra de Dios y a través de él, Dios ha manifestado todo su poder y divinidad (verso 20), pero los hombres decidieron rechazarlo y cambiar su gloria por cosas creadas por Él (verso 23).

Es por ello que todos nosotros somos culpables ante los ojos de Dios y debemos saber que estamos bajo la condena de muerte si decidimos no abrazar el evangeliod e Dios por medio de la fe.

Versículos 1-5:

En el segundo capítulo, Pablo trata de de enseñarnos que ningun de nosotros tiene excusas que sean válidas para defenderse y evitar la ira de Dios. Además trata de enseñarnos algo contra la hipocrecía espiritual, es decir pensar que somos mejores que otros (lo cual lo va a desarrollar aún más en el capítulo 3.

La sociedad actual, por la acción de Satanás, y el permiso que le fue otorgado por Dios a éste para cegar a la humanidad (Rom. 1: 24,28), han querido engañarnos, aduciendo que Dios es solamente misericordioso, y que jamás condenaría a alguna persona al infierno. La sociedad nos ha metido en la cabeza que cada uno de los hombres son hijos de Dios y que por lo tanto Dios no podría castigar a sus hijos.

Lo contrario nos enseña la Biblia y Pablo en la epístola a los Romanos. Primero, los verdaderos hijos de Dios son los que Pablo llama los «amados de Dios» en Romanos 1: 7, quienes como vimos en el análisis del capítulo 1, son aquellos llamados por Dios, o sea seleccionados divínamente, por medio de la fe. Sabemos que la fe, es un regalo de Dios, y que es Dios quien la da a algunas personas, por lo tanto, todos los hombres NO son los hijos de Dios, sólo sus amados.

Segundo, cuando se estudia la Teología Sistemática, se nos enseña que NUNCA debemos sobresaltar algún atributo de Dios por sobre otros. Es decir, Dios es perfectamente misericordioso; Perfectamente justo; Perfectamente santo; Perfectamente sabio; Perfectamente poderoso; Perfectamente amor, etc. La misericordia de Dios NUNCA sobresale a su justicia y vice versa.

Dios es justo

«1 Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo. Mas sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según verdad. ¿Y piensas esto, oh hombre, tú que juzgas a los que tal hacen, y haces lo mismo, que tú escaparás del juicio de Dios? ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios” Romanos 2: 1-5

Pablo quiere correlacionar el verso 1 con lo que nos dijo en Romanos 1:20 y 32; mostrándonos que ningún hombre tiene excusa para no creer en Dios, en su poder ni en su deidad, ya que todo lo que Dios quiso mostrarle, se lo mostró en la creación, en su obra maestra (poeima). Además nos dice que debido a que Dios es un Dios Justo, su justo juicio caerá sobre todas aquellas personas, que a pesar de ser muy religiosos y “morales” hacen las mismas cosas que los paganos, que han desechado la verdad (Rom. 1: 28-31).

Dios es bondadoso

El verso 4 nos enseña la bondad de Dios:

«¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?”

La palabra paciencia, en griego es “makroquma” que significa “sufrir”. Entonces vemos lo infinitamente bondadoso que es Dios, quien sufre nuestras transgresiones para darnos arrepentimiento. El hecho de que estemos vivos, se debe a esa benignidad de Dios. El hecho de que nos permite continuar tomando aire, nos da un hogar, nos da un trabajo, nos da una familia, nos da salud, y más importante, el hecho de que nos da un día más de vida para que volvamos a verle y le podamos adorar, a pesar de que cada día de nuestras vidas no le glorificamos como Él lo merece, es señal de su infinita benignidad.

Dios nos guía al arrepentimiento. Esto también es un don de Dios, con lo cual nos permite aborrecer el pecado y podemos volvernos a Cristo para tomar Su justicia (2 Corintios 7: 9; 2 Pedro 3: 9).

Versículos 6-10:

En estos versos Pablo nos pone a meditar: Qué pasará con nosotros cuando muramos? Iremos al cielo o al infierno. Ambos son eternos.
Algo interesante que vemos al analizar estos pasajes es que los versículos 7/10 y 8/9 son complementarios, veamos:

«vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad” Rom. 2: 7

“pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego” Rom. 2: 10

“pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia” Rom. 2: 8

“tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego” Rom. 2: 9

Lo primero que debemos analizar es lo siguiente: el cielo y el infierno son lugares reales. Nuestro sentido del cielo y el infierno ha venido sindo atenuado o apagado por la sociedad. Vemos como el Vaticano y la Iglesia Ortodoxa han desde hace unos años desmentido la realidad del infierno. Además, los medios han hecho que dejemos de lado las cosas de Dios, para atraparnos en una sociedad consumista, en donde no podemos desarrollar nuestra espiritualidad.

En el capítulo 1, Pablo le dice a los gentiles (los que no somos judíos) que todos están bajo pecado, no tiene excusa, y por ello necesitan del evangelio para ser salvos (Rom. 1: 16-17). En este capítulo, Pablo dice lo mismo, pero ahora a los judíos, que tienen la ley, pero que al no hacer lo que la ley dice, están también bajo pecado, no tienen excusa, y por lo tanto ellos también necesitan del evangelio de Cristo para ser salvos. El justo juicio de Dios será igual para judíos y gentiles.

Pero, porqué dice Pablo que Dios nos juzgará dependiendo de nuestras obras? Pablo es un hombre sumamente inteligente, y como sabemos que sus palabras son las mismas palabras de Dios, escritas por Pablo, guiado por el poder del Espíritu Santo; debemos asumir que hay algo muy importante en este pasaje.

Vimos en el análisis del capítulo anterior, que la Biblia es clara en que nuestra salvación es or gracia y no por obras (Efesios 2: 8-9). Entonces, porqué Pablo dice que seremos juzgados de acuerdo a nuestras obras? Si vamos a Romanos 1: 5, veremos quienes son aquellos de los que hablan en Romanos 2: 7,10.

En Romanos 1: 5 se nos dice que la gracia de Dios (algo que no merecemos), es el poder de Dios para que podamos obedecer a la fe, que es también un regalo de Dios (Efesios 2: 8). Entonces, aquellos que tienen el regalo de la fe, dado por la gracia de Dios, son los que perseveran en hacer el bien, y buscan a Dios (gloria, honra e inmortalidad-Rom. 2: 7). Debemos saber que Pablo no está pensando en perfecta obediencia, pues en el verso 4 nos dice que son aquellos que les fue dado el regalo del arrepentimiento, los que perseveran en hacer el bien. Como dice en 2 Corintios 3: 18: “somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen [del Señor], como por el Espíritu del Señor.”

Es decir, el Espíritu Santo es el que hace que nosotros perseveremos en los buenos caminos que Dios preparó para nosotros de antemano (Efesios 2: 10).

Sin el poder de la gracia de Dios, somos como los paganos que rechazaron a Dios y prefirieron adorar la creación y no al Creador (Rom. 1: 25). Dios derramó su gracia sobre nosotros con el propósito de liberarnos del pecado, y nos dio a Su Espíritu Santo para que podamos perseverar y tener buenos frutos (obras), y poder ser llamados santos y obtener la vida eterna.

“Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.” Romanos 6: 22

Por el contrario, son esas personas, las que no se han arrepentido, de las que hablan en los versos 8 y 9, es decir los que atesoran la ira de Dios para el día del juicio.

La vida eterna es el resultado de la santidad que viene de ser liberados del pecado. Donde más podemos ver esto?:

“Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne; porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.” Romanos 8: 12-13

“Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.” Gálatas 6: 8-9

Pablo NUNCA nos dice que la vida eterna se gana con buenas obras. Sino que las buenas obras demuestran que Dios nos ha dado la vida eterna, ya que la prueba que la gracia de Dios fue puesta sobre nosotros, es la obediencia de la fe, la cual es el resultado del Espíritu de Dios que mora en los amados de Dios.
Otra pregunta que podemos hacernos, de acuerdo a lo que Pablo nos dice en el verso 7 es la siguiente: Para qué deseamos ir al cielo? Queremos ir al cielo solamente para obtener perdón de pecados? Queremos ir al cielo para escapar del infierno? Queremos ir al cielo para tomar vino, comer sin medida y nunca engordar? Quieren ir al cielo para disfrutar de todas las cosas que tiene Dios para nosotros en el cielo? Si alguien responde así a esta pregunta, probablemente no vaya a ir al cielo. Porqué digo esto? Primero, por lo que se nos dice en Romanos 1: 25. No queremos ir al cielo a disfrutar de las cosas que Dios nos tiene ahí, porque sería hacer exactamente lo mismo que nos trajo la maldición de Dios en Génesis 3. Si queremos ir al cielo por esa razón, entonces queremos ir a adorar a la creación y no al Creador. Segundo, en 1 Pedro 3: 18, muy claramente se nos dice la razón de nuestro deseo de ir al cielo, veamos:

“Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios”

El único motivo de querer ir al cielo es: Dios. Si no deseamos a Dios como el último motivo; como el último gozo, entonces merecemos el infierno. Dios creó el universo para que el universo alabara Su gloria Efesios 1: 4-6). Si nosotros no deseamos alabar a Dios, no merecemos estar junto a Él.

Entonces, el juicio de Dios no se basa en méritos, ni obras, sino en la justificación que podemos recibir por lo que hizo Cristo por nosotros (Romanos 3: 24-25; 2 Corintios 5: 21; Filipenses 3: 9). La fe que justifica, siempre santifica, es decir una vida cambiada (no perfecta) es el fruto de estar unidos a Cristo. En el juicio de Dios serán inocentes los que hayan recibido la justificación por lo que hizo Cristo en la cruz.

“Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en Él el pecado de todos nosotros.” Isaías 53: 6

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