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Romanos 1: 19-32

August 3, 2007
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Versículos 19-21:Ahora, qué pasa con aquellas personas que no conocen el evangelio? No tienen una excusa para protestar la ira de Dios?

La respuesta es NO. Ninguna persona tiene una excusa para no creer en Dios. Todos los hombres son culpables ante los ojos de Dios y todos merecemos sufrir Su ira. Veamos como podemos saber esto:

“Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados; porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados. Porque cuando los gentiles que no tienen la ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan la ley, son ley para sí mismos, mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio.” Romanos 2: 12-16

Cómo se relaciona esto con lo que Pablo nos dice en los versos 19-21? Porqué razón ningún hombre tiene excusa de no creer en Cristo? La respuesta está en el verso 21:

“Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.” Romanos 1: 21

Pero, ellos no conocían a Dios. Nadie les llevó el evangelio. Cómo, entonces, Dios los va a inculpar? Veamos primero lo que nos leímos en Rom. 2: 15: “mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones”. Es decir, cada hombre que ha existido, existe y existirá, sea creyente en Cristo o no, tiene la ley moral de Dios escrita en sus corazones. Cuando cada uno de esos hombres transgrede esa ley, comete pecado contra Dios. Sabemos que todos los hombres estamos bajo pecado, porque todos transgredimos la ley de Dios en nuestro corazón. Cúal es esta ley?: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu mente.” Mateo 22: 37

Cada uno de nosotros, antes de que Dios nos diera el regalo de la fe, transgredíamos esa ley, ya que no le poníamos en primer lugar en nuestras vidas, y en Su lugar poníamos otras cosas, como: sexo, pornografía, el trabajo, nuestro esposo(a), dinero, etc. Es por ello que la ira de Dios está puesta sobre los hombres.

Pero, este capítulo nos dice y nos da certeza que todos los hombres conocen acerca de Dios, y no sólo eso, sino que Dios mismo les manifestó su poder y su deidad:

“porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de Él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tiene excusa.” Romanos 1: 19-20

Versículos 22-31:

Y, qué fue el pecado que cometió el hombre? Para entender esto, debemos entender primero, rápidamente, la razón de la creación. Dios hizo la creación para una sola razón: Para demostrar Su gloria (1 Cor. 10: 31; 2 Cor 4:6, etc), pero en la epístola a los Efesios, Pablo es aún más claro: “Para alabanza de la gloria de su gracia” Efesios 1: 6.

Si Dios creó al universo, incluyendo al hombre, para demostrar Su gloria, qué fue lo que hizo el hombre, a pesar de saber que Dios existe? La respuesta está en los versos 22 y 23.

“Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.” Romanos 1: 22,23

Tienen, entonces, excusa alguna los indígenas, en lo más profundo de la selva amazónica, para no creer en Dios? Tienen excusa los pobladores de Tibet, Mongolia, Africa, en fin, todos los habitantes de la tierra, de no creer en Dios? La respuesta es un rotundo NO. NADIE TIENE EXCUSA DE NO CREER EN DIOS, ya que Dios les manifestó Su poder y Su divinidad en la creación, pero todos los hombres hemos decidido dar culto a las criaturas antes que al Creador (verso 25).

“ya que cambiaron la verdad de Dios [la existencia, poder y deidad que les fue manifestada en la creación por Dios] por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.”

Todos los hombres han preferido gloriarse en las cosas creadas por Dios (incluímos todos los ídolos que pongamos en nuestro corazón), en lugar de gloriarse en Dios, a quien pertenece toda la gloria por todos los siglos (Romanos 11: 36). Ese es el pecado del hombre, y la razón de porqué la ira de Dios esta puesta sobre nosotros.

Pero, qué hizo Dios entonces? Dios nos entregó a lo que más prefirió nuestro corazón. Dios nos entregó a todos los ídolos de nuestro corazón: sexo, fornicación, homosexualidad, perversión, avaricia, envidia, homicidios, contiendas, engaños, malignidades, desobediencia, murmuraciones, necedad, etc. (versos 26-31).

Versículo 32:

Este verso dice algo importante: “quienes habiéndo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte”. Cómo ocurre esto? La respuesta está en el verso que leímos en Romanos 2: 15.

Dios escribió Su Ley en nuestros corazones. Es por ello que todos los hombres, saben del bien y el mal. Todos los hombres saben, a pesar de que nadie les haya enseñado nunca, que matar a otra persona está mal; que robar está mal; que engañar, maldecir, etc, estea mal. Cómo lo saben? Porque Dios nos puso esa ley en nuestros corazones. Y esa ley, como dije antes, está escrita sobre los corazones de los indígenas del amazonas, africa, etc, y por ello nadie tiene excusa de violar esa ley.

Pero veamos que es lo peor. Si continuamos leyendo el verso 32, vemos algo peor: “no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que la practican.” Que terrible la maldad y perversión del corazón humano. No solo nos encanta glorificar las pasiones de nuestro corazón, todos esos ídolos que hemos puesto en él antes de Dios; sino que nos gozamos con aquellos que también las hacen.

Por ello digo: Gracias Dios mío por haber abierto mis ojos; por haberme regalado el don de la fe, para creer en tu Hijo Jesús, el único camino que tu pusiste para que yo puediera ser salvo. Porque si hubiera sido por mí, hubiera merecido el infierno por toda la eternidad, mas Tú crucificaste a tu Hijo, para imputar su justicia sobre mí, para que por tu gracia pudiera ver la verdad. Para que por tu gracia pudiera abrazar las buenas noticias, debido a que no hay nada que yo pueda hacer para ser merecedor de la salvación. Gracias Dios mío. A ti sea toda la gloria por los siglos de los siglos. Amén.”

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