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Las Consecuencias del Pecado

January 4, 2007
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Los que saben de estrategia militar, saben que entre más conozcamos a nuestro enemigo, mejor podemos luchar contre él. Creo que es nuestra responsabilidad como cristianos conocer todo lo que representa el pecado, en primer lugar para poder reconocerlo, y luego para saber cual es nuestra arma para enfrentarle.Cuando buscamos el significado de la palabra pecado, encontramos en el Diccionario de la Real Academia Española lo siguiente:

1. Transgresión voluntaria de preceptos religiosos.
2. Cosa que se aparta de lo recto y justo, o que falta a lo que es debido.
3. Exceso o defecto en cualquier línea.

Algunos de sus sinónimos son: culpa, iniquidad, maldad, ofensa, prevaricación y transgresión. Entendamos una cosa…el pecado NO es de Dios. O en otras palabras, el pecado es la ausencia de Dios; así como la oscuridad es la ausencia de luz. El pecado hace que la luz se vaya de nosotros y quedemos en oscuridad.

La Biblia tiene gran cantidad de pasajes acerca del pecado y de lo que éste le puede causar a nuestra vida. Dios nos demuestra a través de Su palabra que TODOS somos pecadores y que si no estamos caminando junto a Él, entonces podemos caer.

Lo primero que quiero comentar, es la lista que Dios nos da en la Biblia sobre los pecados que son abominación de Dios. En la epístola a los Gálatas, Pablo pone de manifiesto las obras que nos traen destrucción:

Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de los cielos.” Gal. 6:19-21

Es el mismo Pablo quién en su primera epístola a los Corintios le habla a aquellos que una vez eran pecadores y que aceptaron a Jesus como su salvador, fueron lavados con Su sangre, de los pecados que tenían, pero lo que debemos leer son esos pecados que los mantenía lejos de la presencia de Dios:

No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. ” 1 Cor 6:9-10

Leyendo Génesis, podemos ver que Dios tardó siete días en la creación. Al sexto día creó al hombre (Génesis capítulo 1). Y Dios lo hizo todo, sin que existiera el pecado en su creación. Todo era perfecto. El hombre no tendría que trabajar para comer, ni necesitaría abrigo para protegerse de la naturaleza, ni una edificación para protegerse del mundo exterior, ya que vivía en el Edén…en el paraíso. Era tan maravilloso y perfecto que Dios se paseaba en el huerto (Génesis 3:8). Cuando leo este pasaje, me come el deseo de saber que sería de esos tiempos cuando podíamos ver a Dios caminando en el mismo lugar donde vivíamos. Lo escribo en plural, porque a pesar de que fue Adán y Eva quienes pecaron, nosotros venimos de ellos y por tanto compartimos el mismo pecado.

Y si buscamos sabiduría, entonces veremos que somos nosotros los únicos responsables de las consecuencias del pecado que cometimos como raza humana. Y cayó la maldición sobre la tierra: debimos trabajar para comer, debemos morir (“…Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás.” Gen. 3:19), la mujer estará por debajo del hombre, y hasta tendrá partos con dolor.

Lo perdimos todo. Perdimos toda la magnificencia que Jehová preparó para nosotros. Y fue por ello que solamente un sacrificio divino fue necesario para que pudieramos tener perdón de nuestros pecados.

Es ahí, en el capítulo 3 de Génesis, donde se menciona que por el orgullo del hombre, uno de los atributos más peligrosos en la raza humana, caimos en pecado. Quisimos ser como Dios…

Y si aún así no queremos aprender, entonces debemos ver que fue lo que le pasó a ese ángel llamado Lucero, que siendo el ángel más hermoso que Dios creó, por su orgullo, quiso ser como Dios, y fue desterrado de la presencia de Dios y echado en el Seol (Isaías 14:12-15).

Fue el pecado lo que nos trajo destrucción. Fue el orgullo humano, lo que nos trajo la maldición de Dios. No fue Dios el que nos trajo enfermedades, ni hambre, ni dolor, ni muerte, ni pestes…Dios nos quiso dar desde el principio la perfección (nos hizo a su imágen y semejanza). Fuimos perfectos, y era nuestro destino tener vida eterna en el Edén, sin dolor, sin enfermedades, sin penas. Pero el pecado que cometimos nos trajo todo esto.

Hace unos meses leía un artícuo de un pastor que explicaba lo que el pecado le hizo a nuestro código genético. Si leemos los diferentes pasajes del Antiguo Testamento, en cuanto a la vida de los primeros hombres que habitaron la Tierra. Adán vivió 930 años, Set vivió 912 años, Enós vivió 905 años, Cainán 910 años, Jared 962 años, Matusalén 969 años, Lamec, padre de Noé vivió 777 años. Pero varios cientos de años después, Abraham vivió 175 años, Ismael vivió 137 años, Isaac vivió 180 años. Podemos seguir en esto por mucho tiempo, pero el punto que quiero que veamos es que el pecado causó algo en nuestro cuerpo. El pecado no quitó la perfección y trajo daños a nuestro cuerpo, e hizo que se fuera desgastando hasta que murieramos. Conforme iban pasando las generaciones, probablemente aumentaban en número las mutaciones en nestro código genético, lo cual hacía no solo que muerieramos más tempranamente, sino tambíen que padecieramos de enfermedades. Y en nuestra arrogancia olvidamos que una vez fuimos perfectos y que a partir de Adán la raza humana ha ido decayendo. Creemos hoy en día que estamos superando a las enfermedades e inclusive a la muerte.

Debemos tener mucho cuidado. El pecado es nuestro enemigo. Es toda aquello que nos separa de Dios. El único propósito que tiene el diablo para tentarnos es porque sabe que si caemos en pecado nos destruirá. Es nuestro deber luchar contra las tentaciones de nuestro cuerpo. Y son muchas: sexuales, drogas, vicios, mentiras, idolatría. Y no nos engañemos. Con idolatría no solo hablamos de adoraración de objetos y personas que no son Dios. El pecado, sea cual sea, es idolatría, ya que si no hacemos nada por evitar mentir, o fornicar, o pecar, estamos poniendo en primer lugar esas cosas antes que Dios en nuestras vidas. Eso es lo que hace que Dios se desagrade de nosotros, que estando en pecado, estamos lejos de Él.

Que nos dice Jesús acerca de lo que se encuentra en el corazón de los hombres:

Porque dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lascivia, la envidia, la maledicencia, la soberbia, la insensatez. Todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre.” Marcos 7:21-23

Porque del corazón? Pues es con el corazón que deseamos…Entiendan esto, de los deseos de nuestro corazón sale el orgullo, el querer poner los deseos de nuestro cuerpo, por sobre lo que Dios quiere que hagamos con nuestra vida. Debemos tener cuidado, pues el pecado está a las puertas y si abrimos sin tener las armas con las cuales luchar, vamos a caer por el simple hecho de que somos hombres y que por sí solos somos débiles. El diablo anda buscando presas a quienes destruir, a quienes pueda quitarles el regalo que Dios tiene para nosotros. El diablo lo único que desea es sacarnos fuera de la presencia de Dios, ahora y en la eternidad.

Ahora bien, si creemos que somos personas buenas, que no hacemos mal. Por ejemplo, muchos podrían decir: “Yo no he matado a nadie, ni he adúlterado, ni fornico. Yo doy a los pobres…merezco tener vida eterna”. TODOS somos pecadores. Fue por esa razón que Dios envió a su Hijo a que muriera en la cruz. Fue por todos nosotros que Jesús murió. Dios en su inmensa sabiduría sabia que sin un sacrificio divino no podríamos ser salvos. Podría enviar alguno de nosotros a su hijo a la muerte para salvar a alguien más? Creo que el que responda afirmativamente es un hipócrita.

Pero Dios que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” Efesios 2:4-9

Debemos cambiar nuestra forma de pensar. No son las obras que hagamos las que nos lleven a Dios, pues como muy claro lo dice la Biblia, las obras las hacemos para glorificarnos nosotros mismos. La única manera de ser salvos es através de Cristo Jesús. La única forma quitar el pecado de nuestras vidas es a través del Hijo de Dios, primero aceptándolo en nuestros corazones como nuestro Salvador y luego pidiéndole a Él perdón de nuestros pecados.

Olvidemos pues las mentiras enseñadas por esos falsos profetas de los que hemos hablado en otras entradas, que hablan acerca del pecado venial, o sea el pecado que a pesar de ser malo, no nos aparta de la presencia de Dios. Eso no está escrito en la Biblia y por ello no debemos creer en eso. Son palabras de hombre para aquellos que tienen comezón de oídos (2 Timteo 4:3) y quieren oír lo que más les parezca. Una mentira es una mentira, y así es pecado, pues no glorificamos a Dios con ellas…solamente nos servimos a nosotros mismos.

Hagamos un alto en el camino, pensemos que en la Biblia está escrita la verdad y es para nuestro beneficio. Somos pecadores y si no aceptamos a Jesús como nuestro camino para llegar a Dios; si no hacemos las cosas que Él nos enseñó, entonces no seremos salvos. Debemos santificarnos día a día. Debemos luchar contra las tentaciones que pone el diablo en nuestro camino. Lo único que traen es perdición. Y que cosa tan maravillosa es saber que tenemos el arma más poderosa para luchar contra el pecado…el nombre de Cristo Jesús. En Su nombre podemos hacer cualquier cosa. En futuras entradas hablaremos acerca del poder del nombre de Cristo, pero solo quiero terminar con este pasaje:

Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré.” Juan 14:13-14

Jesús nos promete que si estamos siendo tentados pidamos al Padre, en su nombre, que sea alejada la tentación y el pecado, y Él lo hará. Amén.

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  1. claudia permalink
    August 29, 2008 3:24 pm

    haga articulos acerca de la consecuencias del pecado en la tierra

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