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Introducción a la Teología: Características de las Escrituras–Suficiencia

January 6, 2008

Esto quiere decir que la Biblia contiene todas las palabras de Dios que Él pretende que Su pueblo tenga en cada etapa de la historia de la redención, y que ahora contiene todas las palabras de Dios que necesitamos para la salvación, para confiar en Él perfectamente, y para obedecerle perfectamente. Además en la Biblia, Dios considera que tenemos todo lo que es necesario para nosotros, y que debemos regocijarnos en esta revelación.

“las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” 2 Timoteo 3:15-17

En este pasaje Pablo nos enseña que Dios nos dio la Biblia para prepararnos durante nuestra vida. El salmista nos dice,

“Bienaventurados los perfectos de camino, Los que andan en la ley de Jehová.” Salmo 119:1

En la Biblia podemos llegar a conclusiones concretas con respecto a muchas de las enseñanzas que ahí se encuentran, por ejemplo, con respecto al divorcio, responsabilidades de los padres hacia sus hijos, relaciones con las autoridades civiles. Además podemos encontrar todo lo concerniente a la expiación, la persona de Cristo, el trabajo del Espíritu Santo, etc.

Aquí es donde los protestantes difieren de la Iglesia Católica Romana, que enseña que la Biblia no contiene todas las cosas que Dios quiere enseñarnos, sino que además debemos escuchar las enseñanzas oficiales de la iglesia a través de la historia. Esto es una enseñanza equivocada debido a que en ningún momento en la historia de la iglesia Dios ha agregado nada más a Su palabra. Nuestra búsqueda de respuestas teológicas o éticas deben buscarse en la Biblia únicamente.

Esta doctrina implica que el hombre no puede agregar de su propia iniciativa ninguna otra palabra a aquellas que Dios ha hablado. Dios es quien decide que es lo que nos debe revelar y lo que debe ser un secreto.

“Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios; mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.” Deuteronomio 29: 29

Dios es muy claro cuando dice,

“No añadiréis a la palabra que yo os mando, ni disminuiréis de ella, para que guardéis los mandamientos de Jehová vuestro Dios que yo os ordeno.” Deuteronomio 4:2

“Toda palabra de Dios es limpia; El es escudo a los que en él esperan. No añadas a sus palabras, para que no te reprenda,Y seas hallado mentiroso.” Proverbios 30: 5-6

Nada debe ser agregado a la Biblia, ni considerado de igual autoridad. Ya hemos hablado acerca de los mormones, musulmanes y católicos, pero dentro del mismo protestantismo existen movimientos en los que se promueven este tipo de cosas. Por ejemplo han existido grupos carismáticos, a través de la historia de la iglesia, que dicen tener revelaciones de Dios para el beneficio de la iglesia. Es aquí cuando nosotros debemos tener cuidado de poner estas revelaciones por encima de lo que dice la Biblia. Dios nos prohibe obedecer o creer algo que no se encuentre o sea contrario a la Biblia. Es cierto que el Espíritu Santo otorga dones diferentes según Su placer, pero debemos siempre comparar esas “revelaciones” con lo que dice la Biblia. Esto es muy claro cuando Dios nos enseña acerca de los falsos profetas, y además debemos intentar ser como los bereanos,

“Inmediatamente, los hermanos enviaron de noche a Pablo y a Silas hasta Berea. Y ellos, habiendo llegado, entraron en la sinagoga de los judíos. Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así.” Hechos 17: 10-11

Estos hombres y mujeres comparaban todas las nuevas enseñanzas con las Escrituras para ver si era cierto, pues sabían de la autenticidad divina de la Biblia. Así es como debemos ser todos nosotros. Nosotros no conocemos el corazón de las personas y sólo podemos saber si algo es una revelación de Dios, si está de acuerdo con lo que dice la Biblia.

En el siglo XVII los cuáqueros, un ejemplo típico de esto, desecharon la Biblia y se dedicaron a buscar las enseñanzas de Dios por medio de supuestas revelaciones del Espíritu Santo, y terminaban en trances o haciendo locuras (griterías, etc) en sus servicios religiosos. Esto por supuesto no es bíblico y debe ser evitado y reprobado.

La Biblia es y debe ser siempre, nuestro tesoro, pues en ella encontramos las palabras que Dios nos quiso revelar a nosotros, Su pueblo, para conformarnos a imagen de Cristo. Meditemos entonces en ella día y noche.

“Mucha paz tienen los que aman tu ley, Y no hay para ellos tropiezo.” Salmo 119: 165

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