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Calvinismo: El Otro Lado de Juan Calvino

diciembre 1, 2007

Calvino es descrito por sus oponentes como un hombre duro, frío, calculador, pero cuando leemos sus biografías, nos podemos dar cuenta que su personalidad era totalmente diferente.

Era un hombre pacífico, que odiaba las contiendas, tímido, y sentía que no estaba preparado para las cosas que Dios le ponía en el camino, lo cual demuestra su gran humildad. Sin embargo, como vimos en la entrada anterior, cuando alguien atacaba las cosas de Dios, Calvino se levantaba y ejercía su autoridad. Según describe Benjamin Warfield en su biografía, Calvino sentía que él era un instrumento de Dios y por lo tanto toda su serenidad desaparecía.

Este personaje, podía ser en ocasiones algo irritable, pero se atribuía a su mal estado de salud. De hecho, sus migrañas eran casi interminables, las cuales en ocasiones no le permitían dormir. Además sufría de hemoptisis, por un supuesto mal traqueal, que hacía que sangrara cuando hablaba por largos períodos. Además, sufría de hemorroides, que eran insoportables, en ocasiones asociándose a abscesos rectales que no sanaban. Y para terminar, sufría de artritis, aunque algunas de sus biografías detallan gota como la enfermedad. Es de admirar lo que este hombre logró con tales padecimientos.

Otra de las características del reformador era su incesante trabajo. Según describe el Dr. Jack Arnold en su biografía, Calvino escribió los Institutos y comentarios de casi todos los libros de la Biblia. Además escribió otras obras, dio sermones, y mantenía una correspondencia con los más prominentes reformadores de Europa e Inglaterra. Tenía además el trabajo de pastor de su congregación en Ginebra, y se dedicaba a predicar y enseñar en ocasiones hasta dos veces diarias en un domingo.

Hasta en su lecho de muerte, ya fuera teniendo a alguien que redactara lo que él dictaba o de su propia mano, se mantuvo con sus obras. Cuando alguna persona le decía que descansara, acostumbraba decir, “Ayúdenme a que Dios me encuentre viendo y esperando y ocupado trabajando en Su obra hasta mi último aliento.”

Con mucha frecuencia escuchamos acerca de la valentía de Lutero en su forma de enfrentarse a los enemigos de la Palabra de Dios, pero Calvino era tan valeroso cuando se mantenía en sus convicciones bíblicas. Muchas veces estuvo a punto de perder su vida, mientras se oponía a los Libertinos en Ginebra. En la entrada anterior relatamos uno de los hechos cuando los Libertinos deseaban que Calvino les diera la comunión, pero se negó debido al estilo de vida de estos hombres.

Debido a estas fuertes convicciones era objeto de constante burla en las calles de Ginebra. Hombres, mujeres y hasta niños, según comenta Stickelberger, le llamaban “perro”, “cerdo”, “satanás’, etc. Ni siquiera se le permitió ser ciudadano de Ginebra hasta diecisiete años después de su segunda entrada enla ciudad. En su vida vemos la humildad que venía de Cristo.

Su testamento, en 1564, muestra esas marcas de humildad que le caracterizaban. Calvino escribió,

“En el nombre de Dios, Yo, Juan Calvino, siervo de la Palabra de Dios en la Iglesia de Ginebra, debilitado por muchas enfermedades…agradezco a Dios que ha mostrado misericordia de mi, su pobre criatura, y, ha sufrido hacerme participe de su gracia a través de mi trabajo…Confieso vivir y morir en esta fe que Él me ha dado, entre tanto no tengo otra esperanza o refugio que en su predestinación, en la cual se basa toda mi salvación. Abrazo la gracia que Él me ha ofrecido en nuestro Señor Jesucristo y acepta los méritos de Su sufrimiento y muerte de que a través de ellos mis pecados son enterrados; y humildemente le pido que me lave y limpie con la sangre de nuestro gran Redentor, como fue derramada por todos los pecadores para que, cuando yo aparezca ante su rostro, pueda llevar su semejanza.”

Juan Calvino era un hombre con una increíble sabiduría. Estaba comprometido a la Biblia, era un proclamador del verdadero evangelio y un fiel maestro de todo el consejo de Dios. Cómo dice Arnold en su biografía, él, hubiera odiado el término “Calvinismo” debido a que sólo deseaba ser conocido como un hombre de Dios. Todos los protestantes estamos en deuda con este hombre, pero principalmente debemos dar gracias a Dios porque en un tiempo de oscuridad, levantó hombres temerosos de Su palabra, para que llevaran la luz del evangelio a las naciones y lucharan porque la Biblia fuera la autoridad de la humanidad.

Siga las demás entradas de la serie “Calvinismo”:

  1. Juan Calvino
  2. El Otro Lado de Juan Calvino
  3. Juan Calvino y la Soberanía de Dios
  4. La Controversia sobre Miguel Servetus
  5. Los Cinco Puntos del Calvinismo
  6. Depravación Total
  7. Elección Incondicional
  8. Expiación Limitada
  9. Gracia Irresistible
  10. Perseverancia de los Santos

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