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Romanos 7: 1-13

septiembre 7, 2007

La primera noción…ocurre con el adecuado desahogo de la conciencia de un pecador, la cual se encuentra perpleja y presionada por la culpa del pecado. La justificación es el único medio, donde una persona obtiene aceptación ante Dios…Y nada puede colocarse como prueba de aceptación.” John Owen. Works. 1867.

Resumen:

Lo que Pablo ha venido desarrollando en estos últimos capítulos de Romanos, es el tema de lo que Cristo logró con su muerte y resurrección. Es decir, vino a hacer lo que nosotros no pudimos hacer, debido a nuestra naturaleza pecadora. Por ello, Cristo soportó el castigo de Dios en nuestro lugar, para proveernos de una justicia perfecta con la cual poder ser aceptos ante los ojos de Dios.

Todo esto, para decirnos que nuestra justificación se basa en el trabajo externo de Cristo, y no ppor nada que nosotros hayamos logrado. Esto es lo que muestra la maravillosa gloria de Dios, y evita la jactancia en nosotros.

Versículos 1-13:

¿Acaso ignoráis, hermanos (pues hablo con los que conocen la ley), que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que éste vive? Porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste vive; pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido. Así que, si en vida del marido se uniere a otro varón, será llamada adúltera; pero si su marido muriere, es libre de esa ley, de tal manera que si se uniere a otro marido, no será adúltera. Así también vosotros, hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios. Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte. Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.

Hemos visto como, el apóstol Pablo, ha venido diciendo en el capítulo 6 que Cristo nos liberó del poder del pecado que reinaba en nosotros (Romanos 6: 16-23), y menciona lo que hizo la ley.

Ahora, en este pasaje, intenta, con el ejemplo del matrimonios, decirnos como cuando se rompe una unión, estamos en derecho (libertad) de unirnos a otra persona. O sea, cuando la muerte ocurre en un matrimonio, esa ley que mantenía atada a una persona, ya no es válida.

Entonces, en el verso 4, aduce que cuando nosotros morimos a la ley, entonces nos unimos a Cristo. Es decir, que como en el ejemplo del matrimonio que desarrolla, Cristo viene a ser nuestro marido. Y sabemos que Cristo está vivo, pero que nuestra nueva unión con Él es una unión espiritual.

Y cuál es el resultado de esa unión? Llevar fruto a Dios (verso 4). Estos nuevos frutos son los nuevos deseos, actitudes, etc, que nacen de esa nueva relación con Cristo. Este fruto sale de nuestro interior por el poder del Espíritu Santo, que como vimos en el análisis del capítulo anterior, nos fue dado por Dios para nuestra santificación.

Vemos en el verso 6, que esta nueva liberta que hemos adquirido, produce un “régimen nuevo del espíritu”, ya que el Espíritu de Dios, como veremos más adelante escribe la ley en nuestros corazones y moldea nuestros deseos y pasiones, para hacernos parecidos a Cristo. Hemos muerto a la lista de cosas por hacer que representaba la ley Mosaica, y nos ha sido escrita una nueva ley en nuestro corazón, la cual responde al amor que Dios tuvo por nosotros, para que por su gracia, puedieramos ser justificados y aceptos a Su reino.

Es por eso que Cristo debe ser nuestro mayor tesoro y deseo. Porque su amor por nosotros (los creyentes), lo hizo soportar el castigo de nuestros pecados. Y ese regalo fue preparado por Dios desde la eternidad para cada uno de nosotros.

Pero en estos seis versos, vemos que esa unión con Cristo, permitirá que nunca volvamos a morir, es decir que nuestra salvación es eterna y totalmente segura (para aquellos que están unidos a Cristo):

sabiendo que Cristo, habiéndo resucitado de los muertos, ya no mure; la muerte no se enseñoreará más de Él. Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro.” Romanos 6:9,11

Retomemos lo que dijimos antes, es decir acerca de el nuevo pacto hecho por Dios con nosotros y que fue sellado por Cristo y manifestado por el Espíritu Santo. Veamos algunos pasajes del Antiguo Testamento:

He aquí que vienen días, dice Jehová, en los cuales haré nuevo pacto con la casa de Israel, y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos d ela tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: vá; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el meas grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.” Jeremías 31: 31-34

Y les daré un corazón, y un espíritu nuevo pondré dentro de ellos; y quitaré el corazón de piedra de en medio de su carne, y les daré un corazón de carne, para que anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos y los cumplan, y me sean por pueblo, y yo sea a ellos por Dios.” Ezequiel 11: 19-20

Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.” Ezequiel 36: 26-27

Es decir, el nuevo pacto de Dios para los descendientes espirituales de Abraham (Romanos 9:8), que nos incluye a todos nosotros, los que estamos unidos a Cristo, es que Dios nos dará su Espíritu Santo, que escribirá la ley de Dios, ya no en tablas de piedra o papel, pero en nuestro corazón, y será el poder del Espíritu el que hará que andemos en las ordenanzas de Dios. Es decir, Dios mismo es el que se encargará de que nosotros cumplamos Su ley, como dijimos en el capítulo pasado cuando vimos el pasaje de Filipenses 2: 12-13.

El andar y hacer las ordenanzas de Dios son el “fruto” del que habla Pablo, pero vemos que eso también lo hace Dios en nosotros. “Dónde, pues, está entonces la jactancia? Queda excluída.” (Romanos 3: 27).

Pero además, algo muy importante de comprender, es que el primer fruto del Espíritu no es estrictamente el seguir las ordenanzas de Dios, sino porque es que esa obediencia ocurre. Como dice Pablo en el verso 5, mientras estábamos en nuestra carne, obrabamos fruto para muerte, es decir para que la ira de Dios creciera en nuestra contra. Y qué significa “estar en la carne”? Veamos:

Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios. Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él.” Romanos 8: 7-9

Estar en la carne significa:

1. Que la mente sea enemistad con Dios.
2. No estar sujetos a la ley de Dios.
3. Ni siquiera podemos hacer lo que Dios manda.
4. Los que están en la carne no son de Cristo.

Entonces, el pecado, no es solo quebrantar la ley de Dios, pero es odiarla. El pecado es auto-amarse, por decirlo de alguna manera, o auto-exaltarse. Es no desear que alguién nos diga lo que tenemos que hacer.

Recordemos que Pablo nos dijo en Romanos 5: 13, que la ley entró al mundo para mostrarnos el pecado. Pero eso no fue lo que la ley vino a hacer. En primer lugar, la ley es perfecta, pues fue dada por Dios, pero lo que debemos comprender (recuerden el ejemplo de la Montaña Rusa) es que la ley es para ser obedecida por el espíritu y no por la carne. Es decir, la carne y la ley se unen y lo que hacen es aumentar el pecado, ya que el hombre que vive en la carne (en el pecado) se rebela constantemente contra la autoridad de Dios, por lo cual transgrede Su ley concientemente.

Por ello es que necesitamos morir a la carne, y necesitamos sobre todo una acción supernatural, para que seamos nacidos de nuevo, en espíritu (Juan 3:6), para que esa conspiración que existe cuando la ley se une al lado de la carne, sea muerta (Gálatas 5:24)

Dios mandó su ley, para que el pecado fuera aumentado. Para que el hombre entendiera que si no es por el poder de Dios, que transforma nuestro corazón por el poder del espíritu Santo, nosotros no somos capaces de hacerlo, lo cual aumenta nuestra rebelión contra Sus ordenanzas.

Mas la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes. Pero antes que viniese la fe, estábamos confinados bajo la ley, encerrados para aquella fe que iba a ser revelada.” Gálatas 3: 22-23

Pero, algo interesante es lo que vemos en el verso 13, veamos:

¿Luego lo que es bueno, vino a ser muerte para mí? En ninguna manera; sino que el pecado, para mostrarse pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que por el mandamiento el pecado llegase a ser sobremanera pecaminoso.

La ley lo que vino a demostrar es la depravación de la humanidad, ya que mostró la rebelión del hombre en contra de Dios. La ley mostró el odio de la humanidad por la autoridad de Dios. Por eso trajo muerte, ya que la ira de Dios fue puesta sobre toda la humanidad. La ley no puede justificar ni santificar a nadie, no porque sea mala, sino porque nosotros somos malvados.

Y es que el pecado nos engaña con respecto a la ley, de dos maneras:

1. Diciéndonos que nosotros no podemos cumplir la ley, y que no hay esperanza para nosotros, por lo tanto si hay un Dios, mejor obtener el mayor placer posible porque no vamos a quedarle bien nunca.
2. Diciéndonos que podemos cumplir la ley de Dios, así que debemos ser lo mejor que podamos para ser mejores que los demás.

Ambas mentiras llevan a la destrucción de una persona en el infierno. La primera porque hace que desechemos la idea de estar bien con Dios por la desesperanza que mete en nuestro corazón; y la segunda porque al final lleva a la frustración cuando nos damos cuenta que no podemos ser capaces de mantener la ley a la perfección. Recordemos lo que dijimos en el capítulo pasado: El pecado en un engañador. Trata de hacernos creer que tiene algún poder. Intenta cegarnos a la verdad del universo que nos dice que Dios es el soberano de toda la creación y que Él nos ha provisto a Su Hijo, como la única persona que pudo cumplir la ley a la perfección, para que nosotros pudiéramos asirnos de esa justicia, la cual nos es regalada por Dios a los que tienen fe en Cristo. Entonces no permitamos que el pecado nos engañe.

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2 comentarios leave one →
  1. DARIO SARA permalink
    mayo 18, 2008 3:21 am

    Creo que el estudio de romanos 7:1-13 es estupendo, pegados a la biblia pero megustaria saber mas sobre los siguientes versiculos de Romanos 7 como los del 7:14-25
    creo que son bastantes polemicos y dificiles de interpretar estaria profundamente agradesido

  2. Eduardo permalink
    mayo 18, 2008 4:19 am

    Dario,

    Puedes ver el estudio de Romanos 7:14-25 aquí.

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