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Las Parábolas de Jesús: El Perdón (Parte I)

mayo 12, 2007

En esta entrada vamos a continuar con la discusión de algunas de las parábolas de Jesús, y en esta oportunidad nos enfocaremos en una parábola acerca del perdón. En la Biblia hay dos parábolas muy importantes, en Lucas 15 y en Mateo 18.

Nos vamos a enfocar en Lucas 15 porque creo que podemos aprender varias cosas importantes, pero por supuesto que hablaremos de Mateo 18 en la otra entrada. En Lucas 15 leemos lo siguiente:

También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. Y volviendo en sí, dijo: !!Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros. Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse. Y su hijo mayor estaba en el campo; y cuando vino, y llegó cerca de la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha hecho matar el becerro gordo, por haberle recibido bueno y sano. Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase. Mas él, respondiendo, dijo al padre: He aquí, tantos años te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. Pero cuando vino este tu hijo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo. Él entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas. Mas era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano era muerto, y ha revivido; se había perdido, y es hallado.” Lucas 15: 11-32

En esta parábola hay dos historias muy importantes para nuestra vida cristiana, las cuales vemos representadas en cada hijo. Ahora, analicemos primero al hijo menor. Cuántos de nosotros no ha pensado en algún momento de su vida, que su vida le pertenece y que puede hacer con ella lo que le place? Muchos de nosotros nos hemos encontrado en ese punto. Hemos tomado los dones que Dios nos regaló, y los hemos desperdiciado viviendo para el mundo. Como el hijo menor en esta historia, que le pidió a su padre que le diera todo lo que le correspondía como hijo y lo malgastó en rameras y en vivir perdidamente, así muchos de nosotros desechamos los dones de Dios y decidimos vivir una vida lejos de Dios, persiguiendo los deseos de nuestro corazón.El pecado nos alejó de la presencia de Dios. Cuando Adán pecó, Dios lo sacó fuera de su presencia. Recordemos que Dios se paseaba por el Edén, pero debido a que Dios no puede convivir con el pecado, tuvo que echar fuera a Adán y a Eva (Génesis 3: 22-24). El hombre a partir de ese momento vive lejos de la presencia de Dios, hasta que Dios le ordena a Moisés que construya el tabernáculo, en donde habitará Jehová en medio del pueblo (Éxodo 33: 7-11) por muchos años, hasta que Dios ordenara que tanto el tabernáculo ni el arca eran necesarios y enviará a su Hijo para que nos trajera ante la presencia de Dios. El tabernáculo estaba hecho de tal forma que el velo, era un gran lienzo que separaba al pueblo del Lugar Santísimo, donde habitaba Jehová y que sólo los sacerdotes elegidos por Dios podían cruzar para hacer los sacrificios a Jehová. Cualquier otra persona que se atreviera a cruzar ese velo moría inmediatamente. Ese mismo velo estaba colocado en el Templo, para representar las ordenanzas dadas por Dios a su pueblo en tiempos de Moisés, los jueces y los reyes. Lo que hizo Cristo por nosotros lo vemos en Mateo 27: 51 y Lucas 23: 45. Cristo vino a la tierra a obedecer la voluntad de Dios. Vino a ofrecerse como sacrificio perfecto, ya que murió sin pecado, en lugar nuestro. Vino no sólo a remover la ira de Dios que estaba puesta sobre nosotros, y acercarnos a la presencia de Dios, rasgando en dos el velo del templo. Rasgando aquello que nos separaba del Lugar Santísimo. Aquello que nos separaba de la presencia de Dios.

El pecado, nos mantiene alejados de Dios, y sólo a través de Cristo podemos llegar a los pies de Dios. Y es importante que tengamos muy claro que el pecado nos separá de Dios. Dios nos ha dado dones, inclusive desde antes de la fundación del mundo, ya cada uno de nosotros los tenía, otorgados por Dios, para cumplir con el trabajo para el cual Él nos creó. Y muchos de nosotros, en algún punto de nuestras vidas hemos decidido tomarlos y desecharlos. Malgastarlos viviendo una vida de vacío espiritual, lejos de la presencia de Dios. Algo importantísimo es que Dios es nuestro creador, y como tal es el amo y señor de nuestras vidas. Por lo tanto aquellas personas que creen que pueden hacer con sus cuerpos, sus vidad y sus bienes como mejor les plazca, no han leído la Biblia. Claramente leemos que TODO lo que existe le pertenece a Dios. Cuando alguna persona inventa algo, se le dice que es el dueño de ese algo. Lo mismo ocurre con nuestro creador. A Él le pertenece todo lo que existe (Isaías 45: 12; Colosenses 1: 16; Apocalipsis 4: 11).

Entonces cuando decidimos seguir nuestros deseos, pecamos grandemente, no por desechar los dones que nos dio Dios, sino porque como Jesús nos enseña, desechamos el primer y gran mandamiento: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente” Mateo 22: 37. Cuando decidimos seguir nuestro corazón, pecamos al no poner a Dios en primer lugar en nuestras vidas. Y eso es idolatría, lo cual es abominación ante los ojos de Dios. Ese mandamiento es tan importante que Jesús prácticamente nos dice que sólo existe ese mandamiento, esa orden, pues leemos en Mateo 22: 40 que todo el resto de la ley depende de éste.

En ésta parábola vemos hasta donde nos puede llevar el pecado. Es interesante como Jesús relaciona ésto cuando le está hablando a los judíos. A qué me refiero? Si ven cuidadosamente, Jesús les dice que el hijo menor, cuando le empezó a faltar dinero para alimento, decide ir donde un hombre para pedirle trabajo. Éste lo envía a apacentar cerdos. Para los judíos los cerdos eran animales impuros, y ni siquiera los podían comprar ni tener como animales, y mucho menos para alimento. Este hijo, siendo judío, se encuentra en tal necesidad que acepta apacentar los animales que eran prohibdos para su pueblo, y peor aún desea comer del alimento que le daban a estos animales. Qué hombre en su sano juicio desea comer la comida de un cerdo? Pues ésto es lo que trata de enseñarnos Jesús. Nos hace ver hasta donde nos puede llevar el pecado. La pobreza espiritual que nos trae; la lejanía a la que nos lleva de la presencia de Dios es tal, que empezamos a desear cosas que anteriormente encontrábamos desagradables. Es decir, el pecado nos va consumiendo y nos va hundiendo más y más en un mundo de inmundicias que nos llevan a la destrucción (1 Tesalonicenses 5: 3).

Pero algo muy interesante es que Jesús nos enseña que el hijo menor se arrepiente de haber tomado todo aquello que su padre le había entregado y lo utilizó de mala manera. Humildemente reconoce que no puede hacer nada para merecer el perdón de su padre, pero aún así decide hacerle ver a su padre que se arrepiente y pedirle que se apiade de él y le permita vivir como uno de sus siervos. Ahora cuando analizamos el arrepentimiento desde el punto de vista de la teología que enseña la biblia, vemos que el arrepentimiento es un regalo de Dios, que Él nos da para que seamos salvos:

A éste, Dios ha exaltado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados.” Hechos 5: 31¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?” Romanos 2: 4

Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento” 2 Corintios 7: 9

que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad” 2 Timoteo 2: 25

Cómo hace Dios ésto? Nos regala su Espíritu Santo quién es el que se encarga de hacernos ver nuestro pecado y nos lleva al arrepentimiento con su poder, por la gracia de Dios que fue derramada sobre nosotros. Es el Espíritu Santo quién nos hace arrepentirnos y reconocer a Jesús como nuestro Dios, como el amo y Señor de nuestras vidas. Ningún hombre por sí solo puede conocer las cosas de Dios, sólo el Éspíritu Santo nos lo puede revelar:

Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.” 1 Corintios 2: 11Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.” 1 Corintios 12: 3

Es decir, debido a que nosotros somos incapaces de buscar a Dios por sí mismos (Romanos 3: 9-12), es el Espíritu Santo quién nos guía hasta Dios. Es el Espíritu Santo quién nos guía primeramente al arrepentimiento y luego nos guía hacia nuestra regeneración y santificación (1 Pedro 1: 2), hasta que Cristo nos recoga y transforme lo corruptible en incorruptible, para que nunca más seamos esclavos del pecado que hay en nuestro ser (1 Corintios 15: 51-58).Y veamos lo importante del arrepentimiento. El hijo menor regresa a su padre, pide perdón por haberlo defraudado y su padre lo abraza, se alegra y mada a sus siervos a que le vistan con los mejores vestidos, maten un becerro y hagan fiesta para celebrar el regreso de aquel hijo que estaba muerto y que es hallado (versos 24 y 32). Noten que es un verbo que implica acción. No es el hijo quien encuentra a su padre, sino por el contrario fue encontrado. Esto mismo es lo que Dios hace con nosotros. Por su infinita misericordia derrama su gracia sobre nosotros y por el poder de su Espíritu Santo nos abre los ojos y los oídos para escuchar su llamado.

Al igual que el padre en esta historia, Dios a través de la sangre que derramó Cristo en la cruz, nos lava de todas nuestras inmundicias, luego de habernos encontrado como el hijo en esta parábola, rodando con los cerdos; y nos hace nuevos. Dios nos da nuevos cuerpos y nuevas ropas. Así es como vé Dios a aquellos que son limpiados con la sangre de Cristo. Jesús nos justificó y por ello Dios nos vé como sus hijos y no como pecadores que merecían la muerte (1 Corintios 1: 30).

A pesar de que somos pecadores y estamos en constante rebelión contra Dios. A pesar de que ninguna de nosotros es justo y decide por voluntad propia seguir a Dios (Romanos 3: 9-12), la voluntad eterna de Dios fue enviar a su Hijo para sacrificarlo, llevando nuestros pecados, y así llevarnos al arrepentimiento y perdonarnos.

La otra parte de la historia la vemos con el hijo mayor en los versos 25 al 32. Jesús nos enseña dos cosas. Primero le habla a los judíos de que a pesar de que son el pueblo escogido de Dios para bendecir a todas las naciones (Génesis 22: 18) habrán otros que serán injertados a la promesa de Dios a Israel. Segundo, Jesús les habla a aquellos que se justifican a ellos mismos. El hijo mayor le reclama a su padre que él no hizo lo mismo que el hijo menor y su padre nunca se regocijó por ello. Ahora les hago ésta pregunta: Cuántos de nosotros hemos pensado que somos mejores que otras personas? Cúantos de nosotros piensan que somos menos pecadores ante Dios porque mentimos pero no asesinamos o robamos? Este es el error de muchos. Muchas personas se ofenden cuando uno les dice que son pecadores. Cuando la Biblia es muy clara y nos dice que TODOS y cada uno de nosotros en un pecador (Romanos 3: 23-24). Fue por eso mismo que Dios envió a su Hijo para que muriera por nosotros, ya que ninguna de nosotros puede hacer algo para justificarse ante Dios y salvarse.

Entonces, aquellos que creen ser justos, están errados. Ninguno de nosotros es mejor que un asesino, un ladrón, un homosexual, un afeminado, un fornicario ó un adúltero. Aquel que miente, comete el mismo pecado que aquel que comete un asesinato, esto es: viola el primer y gran mandamiento (Mateo 22: 37). Por eso es tan importante que reconozcamos que si mentimos, si adulteramos, si fornicamos, si robamos, si mentimos, etc, significa que NO hemos puesto a Dios como nuestro Señor y hemos pecado. El hijo mayor creyó que porque él no había hecho nunca lo que hizo el hijo menor, merecía recibir mejor trato por parte de su padre, cuando la verdad es que para el padre ambos hijos eran vistos como iguales a sus ojos. Lo mismo ocurre con Dios. Jehová vé a todos los hombres como pecadores, ninguna tiene un pecado mayor que el otro. Todos tienen el mismo gran pecado, que es no amarle con todo nuestro corazón, y todos merecemos el mismo destino, que es la muerte. Pero Dios en su infinita misericordia nos perdona si creemos en su Hijo, a quien Él envió para que pudieramos ser justificados. A Cristo, que es quien nos limpia de nuestros pecados, para que Dios nos vea de otra forma y sea removida su ira de nosotros.

Las riquezas de Dios son infinitamente más valiosas que cualquier cosa que pueda desear nuestro corazón humano. Es por ello que el pecado nos lleva únicamente a nuestra destrucción y Dios sacrificó a su Hijo para romper las cadenas que el pecado tiene sobre nosotros y hacernos libres. Dios nos ha perdonado por lo que Cristo hizo por nosotros.

4 comentarios leave one →
  1. Zoarida permalink
    abril 24, 2008 7:56 pm

    Estaba buscando una oración para hacerla para mi sobre el perdón a mi misma y me encontré con la parabola del hijo pródigo que es la misericordia má grande que tiene Dios con sus hijos, la verdad que le doy gracias a Dios. Porque sentí su perdón y sentí que me he perdonado, ya que el dolor más grande que llevaba adentro era que tenia que perdón a mi Mámá que se llama Aura Rosa Serrano y la he perdonado y comprendido por pura gracia del Señor.
    Gracias Señor por todos los instrumentos que has puesto a mis disposición para lograr salir del laberinto en que me encontraba, Bendito, adorado y alabado se el Señor Rey de Reyes

    Gracias

  2. jose permalink
    mayo 9, 2008 8:12 am

    megusto mucho sienpre meagustao

  3. agosto 26, 2008 10:03 pm

    Ahora me he liado.

    Sé que es Dios quien toma la iniciativa, no obstante, cómo encaja esto con ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan? Lucas 11:13

    :|

  4. agosto 28, 2008 8:09 pm

    Ok, leer el post de abajo me ha dado la respuesta… en concreto esto: Entonces la Biblia nos enseña que debemos pedir a Dios por su Espíritu Santo, para que transforme nuestras vidas, nos dé espíritu de poder y no de cobardía, para enfrentar a nuestra carne diariamente (2 Timoteo 1: 7)

    Merci!

    :D

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